La deuda de EE.UU. y el sistema sanitario: una relación peligrosa
Estados Unidos no solo tiene un problema de gasto público, sino también una crisis sanitaria que lo alimenta. No son dos problemas separados, sino dos caras de la misma moneda. Según el Handbook on Affordability del Instituto Cato, la raíz del problema radica en la falta de reformas estructurales que frenen el crecimiento descontrolado de la deuda federal y los costes sanitarios.
El círculo vicioso de la deuda y la inflación
El gobierno federal acumula déficits crónicos que amenazan la estabilidad económica. Como señalan Romina Boccia y Dominik Lett en el informe, cuando la deuda crece más rápido que la economía, los inversores anticipan tres posibles escenarios: subidas de impuestos, recortes drásticos del gasto público o inflación que reduzca el valor real de la deuda. Si el Congreso no actúa, la inflación se convierte en la opción por defecto.
El ejemplo más reciente es el aumento de precios de 2021, impulsado por un gasto deficitario sin compromiso de reembolso. La pérdida de poder adquisitivo obligó a la Reserva Federal a subir los tipos de interés, encareciendo aún más la vida de los ciudadanos. A pesar de ello, los políticos no han tomado medidas significativas para reducir el gasto público, manteniendo unos tipos de interés y precios elevados.
«Recuperar la credibilidad del gobierno una vez perdida es cada vez más difícil y costoso. El Congreso parece reacio a asumir este precio. Por eso, podemos esperar que la historia se repita en el futuro».
Medicare y la Seguridad Social: los grandes impulsores de la deuda
El problema no es uniforme: dos programas concentran la mayor parte del gasto. La Seguridad Social acumula unos 28 billones de dólares en obligaciones sin fondos, mientras que Medicare crece sin límite, superando el ritmo de la economía. Sin reformas profundas, la trayectoria de la deuda es insostenible y el riesgo de inflación persistente, inevitable.
El sistema sanitario: el otro gran problema
Estados Unidos gasta el 18,5% de su PIB en sanidad, el doble que el promedio de los países ricos de la OCDE. La respuesta política habitual es aumentar las subvenciones para aliviar los costes, pero según Michael Cannon y Jeffrey Singer, esto no hace más que agravar el problema.
El mecanismo es claro: cuando Medicare, Medicaid y otros programas gubernamentales aíslan a los pacientes del coste real de los servicios, se rompe el ciclo de retroalimentación que regula los precios en otros mercados. Los pacientes no cuestionan el valor de los servicios que reciben sin pagar directamente, y los proveedores no tienen incentivos para reducir costes.
En lugar de soluciones superficiales, el informe del Instituto Cato propone reformas estructurales que devuelvan la responsabilidad a los pacientes y promuevan la competencia en el sector sanitario. Solo así se podrá frenar el aumento descontrolado de los costes y, con ello, la deuda pública.