El conflicto en Irán está tensando el suministro global de petróleo, y aunque el aumento de los precios de la gasolina ha acaparado la atención, el sector aéreo sufre un impacto aún más grave. Desde el inicio de la guerra, el precio del combustible para aviones se ha duplicado, según datos recientes. En marzo de 2024, las aerolíneas estadounidenses gastaron un 56% más en combustible que en febrero, según la Oficina de Estadísticas del Transporte de EE.UU.
Este escenario ha reavivado el debate sobre la necesidad de reducir la dependencia de los combustibles fósiles en la aviación. Los combustibles sostenibles de aviación (SAF, por sus siglas en inglés) se posicionan como una alternativa clave, no solo para cumplir objetivos climáticos, sino también para estabilizar costes en un mercado volátil.
SAF: más que una solución ecológica
Scott Kirby, CEO de United Airlines, lleva años abogando por los SAF como herramienta para reducir emisiones y, sobre todo, para mitigar la inestabilidad de los precios del combustible. «El combustible es nuestro mayor coste y el más volátil. Los SAF no solo ayudan al medio ambiente, sino que también fortalecen la seguridad energética», declaró Kirby, conocido por su compromiso con la lucha contra el cambio climático.
Chris Cooper, CEO de XCF Global —una empresa especializada en SAF—, coincide: «Los SAF no solo reducen emisiones, sino que también minimizan la exposición a crisis geopolíticas y fluctuaciones del mercado». XCF Global produce SAF en su refinería de Reno (EE.UU.), utilizando materias primas locales como residuos domésticos, lo que reduce la dependencia de combustibles importados.
El lento avance de los SAF en la aviación
A pesar de los beneficios, los SAF aún representan un porcentaje mínimo del combustible utilizado por las aerolíneas. United Airlines, pionera en su adopción, ha invertido en la producción de más de 5.000 millones de galones de SAF. Sin embargo, en diciembre de 2024, estos combustibles solo representaban el 0,3% del total consumido por la compañía, según su último informe de impacto.
Para escalar la producción de SAF, Kirby subraya la necesidad de «incentivos gubernamentales similares a los que impulsaron la energía eólica y solar». La Ley de Reducción de la Inflación (IRA) fue un primer paso al ofrecer créditos fiscales y subvenciones para hacer los SAF más competitivos frente a los combustibles tradicionales. No obstante, la posterior reducción de estos incentivos —de 1,75 a 1 dólar por galón— en la «One Big Beautiful Bill Act» del expresidente Donald Trump ha frenado el progreso.
Obstáculos políticos y económicos
El panorama político actual ha llevado a algunas aerolíneas a recortar sus compromisos climáticos. En abril de 2024, Delta Airlines eliminó de su página web objetivos como el uso del 10% de SAF en su combustible para 2030. Esta tendencia no se limita a EE.UU.: Air New Zealand también abandonó en 2024 su meta de reducir emisiones para 2030, alineada con los Acuerdos de París.
Kirby advierte que muchas aerolíneas establecieron plazos ambiciosos para 2030, pero la falta de apoyo político y económico está retrasando su cumplimiento. «Sin un marco estable, será difícil avanzar», señala.
El futuro de la aviación sostenible
Aunque los SAF aún enfrentan desafíos, su potencial es indiscutible. Reducen la huella de carbono de la aviación —responsable de alrededor del 2,5% de las emisiones globales— y ofrecen mayor estabilidad en un mercado energético cada vez más inestable. Sin embargo, su adopción masiva dependerá de políticas claras, inversiones continuas y una mayor colaboración entre gobiernos, empresas y productores.
Mientras el mundo lidia con crisis geopolíticas y la urgencia climática, los SAF emergen como una solución viable. El reto ahora es transformar este potencial en una realidad a gran escala.