El bloqueo que ahoga la economía global
El Estrecho de Ormuz, ruta clave para el 20% del petróleo mundial, sigue cerrado. Donald Trump ha dejado claro que Estados Unidos mantendrá el bloqueo hasta que Irán "se rinda". La prolongación de esta medida no solo estrangula el suministro energético, sino que profundiza una crisis sin precedentes.
Consecuencias económicas y climáticas
Fatih Birol, director de la Agencia Internacional de la Energía (IEA), advirtió la semana pasada sobre "la mayor amenaza a la seguridad energética de la historia". Los precios del combustible para aviones se disparan, afectando desde el transporte aéreo en Europa hasta las operaciones contra incendios en el oeste de EE.UU. A esto se suma el riesgo de un super El Niño, que podría generar olas de calor en Asia, aumentando la demanda de aire acondicionado y, por tanto, de combustibles fósiles.
Las sequías o inundaciones asociadas a este fenómeno climático podrían paralizar centrales hidroeléctricas, obligando a regiones dependientes a recurrir al petróleo y gas, cada vez más caros y escasos. La escasez de fertilizantes derivados del gas, que también transitan por Ormuz, agravará la crisis alimentaria global, ya tensionada por el cambio climático.
El impacto en la política energética de EE.UU.
Aunque Trump parece más preocupado por los precios de la gasolina en EE.UU. —que superan los 4,30 dólares por galón—, la guerra con Irán tiene consecuencias más profundas. A medida que el conflicto se prolonga, más países cuestionan la fiabilidad del petróleo y gas como pilares de sus economías. Mientras, la Casa Blanca redobla esfuerzos para proteger el modelo de crecimiento basado en combustibles fósiles, que su propia estrategia está poniendo en riesgo.
El aumento de la producción de petróleo y gas en EE.UU. ha sido clave para impulsar su intervencionismo en el extranjero. Si el país aún dependiera de importaciones, el cierre de Ormuz sería visto como un riesgo inaceptable. Sin embargo, ahora que EE.UU. es un exportador neto, su política exterior busca consolidar su dominio en el mercado energético global, incluso a costa de la estabilidad internacional.
El mundo busca alternativas al petróleo estadounidense
Ante la inestabilidad generada por Washington, varios países aceleran su transición energética. Más de 60 naciones se reunieron esta semana en Santa Marta (Colombia) para discutir cómo reducir su dependencia de los combustibles fósiles. El encuentro surge como respuesta a la obstrucción de grandes productores como Arabia Saudí, Rusia y EE.UU. en las negociaciones climáticas de la ONU.
Selwin Hart, asesor especial de la ONU, destacó que estos países "han hecho casi imposible avanzar en soluciones climáticas en foros internacionales". Mientras, naciones como India y China exploran acuerdos con otros proveedores, como Qatar o Australia, para asegurar suministros alternativos.
El futuro de la energía global
La guerra en Irán no solo está reconfigurando el mapa geopolítico, sino también acelerando la transición hacia energías limpias. Gobiernos y empresas buscan reducir su exposición a los vaivenes del mercado de combustibles fósiles, impulsados por conflictos como este. La dependencia de EE.UU. como garante de la seguridad energética se debilita, mientras crece el interés por fuentes renovables y alianzas con países menos beligerantes.
"La combinación de crisis energética, climática y alimentaria exige soluciones urgentes. La guerra de Trump contra Irán solo ha agravado un problema que ya era crítico". — Fatih Birol, director de la IEA