Elon Musk ha mantenido una relación intermitente con la Luna. Hace apenas un año, la tachó de "distracción" y centró su atención en Marte, pero ahora parece haber retomado su interés por nuestro satélite. Sin embargo, más allá de sus preferencias personales, la NASA depende de él para lograr su objetivo: regresar a la superficie lunar.
La misión Artemis II, que regresó a la Tierra hace una semana, batió el récord de distancia recorrida por humanos desde nuestro planeta. No obstante, el verdadero reto de Artemis no fue orbitar la Luna, sino preparar el alunizaje. Para 2028, la NASA planea que astronautas pisen el satélite por primera vez desde 1972. El problema es que los sistemas de aterrizaje de las misiones Apolo no son compatibles con los cohetes modernos ni con los objetivos de exploración a largo plazo. Hasta ahora, los humanos han pasado poco más de tres días en la Luna.
Desde el inicio del programa Artemis, la NASA ha contratado a SpaceX —la empresa más rentable de Musk— para desarrollar sistemas de aterrizaje más avanzados. Aunque la agencia siempre ha colaborado con empresas privadas, el número de contratistas únicos ha caído un 38% entre 2021 y 2024 debido al aumento de acuerdos con SpaceX. Según una investigación del Washington Post, la compañía ha recibido casi 15.000 millones de dólares de la NASA, con contratos que se duplicaron al inicio de Artemis.
Casey Dreier, director del equipo de política espacial de la Planetary Society, señala que esta relación ejemplifica cómo la NASA quiere interactuar con el sector privado: "Ha reducido costes de lanzamiento, aumentado la fiabilidad e impulsado innovaciones en reutilización". Sin embargo, también advierte de los riesgos. Un exfuncionario financiero de la NASA descubrió que, aunque SpaceX ha abaratado el acceso al espacio, no traslada esos ahorros a la agencia. Incluso ajustando por inflación, los precios que cobra a la NASA suben cada año.
La concentración de poder en una sola empresa es otro motivo de preocupación. "SpaceX ahora facilita el acceso de EE.UU. al espacio", afirma Dreier. "Musk puede hacer prácticamente lo que quiera con los lanzamientos, algo que antes solo podían hacer las superpotencias nacionales". Además, las tecnologías clave de SpaceX se desarrollaron con fondos federales, pero su propiedad intelectual pertenece a Musk.
La situación se complica por el contexto presupuestario de la NASA. Aunque el Congreso rechazó los recortes propuestos por la administración, la agencia cuenta con un presupuesto anual de 24.400 millones de dólares, que debe gestionar con eficiencia. La dependencia de SpaceX para cumplir con Artemis III —la misión que alunizará— refleja tanto los avances como los riesgos de esta alianza.