Durante años, creímos estar cumpliendo con nuestra parte. Nuestra empresa donaba generosamente, apoyaba causas en las que creía y respondía cuando se nos solicitaba. Sin embargo, con el tiempo, quedó claro que algo faltaba. Nuestras acciones no eran equitativas: estaban concentradas en ciertos grupos o zonas, y no siempre llegaban a las comunidades donde vivimos y trabajamos. Además, no siempre invitaban a la participación activa de todos. Esta reflexión nos llevó a replantear nuestra forma de engagement, y hoy entendemos por qué nuestro Día de la Acción Solidaria es tan importante para nosotros.
En MG2, el Día de la Acción Solidaria no se trata de un solo proyecto o de un grupo específico de personas. Se trata de participación real. Una vez al año, cada empleado de la empresa abandona temporalmente sus tareas para dedicar un día completo a servir junto a sus compañeros en la comunidad. No como expertos, ni como meros donantes, sino como vecinos, voluntarios y aprendices. Esto es clave: el compromiso comunitario no debe ser exclusivo de un departamento, una oficina o un nivel jerárquico. Debe incluir a todos.
Experiencias compartidas, valores compartidos
Así funciona nuestro programa:
- Selección colaborativa: Cada oficina o estudio elige una organización sin ánimo de lucro local para apoyar. Los empleados dedican un día —pagado— trabajando en sus instalaciones.
- Acciones diversas: Desde limpiar senderos y preparar comidas hasta construir viviendas o pintar murales, las actividades van más allá del ámbito profesional de un arquitecto. Reflejan el compromiso de la empresa con la comunidad y su esencia: ser útiles.
Cuando todos los empleados, independientemente de su rol, ubicación o formación, son animados a participar, se construye algo más valioso que un simple programa de voluntariado: se crean experiencias compartidas. Y estas experiencias se extienden a las personas que viven, trabajan y disfrutan de los espacios que diseñamos.
Las experiencias compartidas revelan valores comunes. Trabajar codo con codo en un banco de alimentos, restaurar un parque, apoyar a familias en un programa de vivienda o limpiar un barrio genera conexiones que las reuniones o los correos electrónicos nunca lograrán. Nos recuerda que el trabajo comunitario no es un esfuerzo secundario: es central en nuestra identidad y en cómo queremos presentarnos al mundo.
Más que donaciones: el valor del tiempo y la presencia
También aprendimos que escribir cheques no es suficiente. Lo que importa es el tiempo, la presencia y la escucha activa. Nuestro Día de la Acción Solidaria es un compromiso con estos tres pilares. Es un reconocimiento de que la resiliencia crece cuando las personas están dispuestas a involucrarse de manera directa y constante, no solo cuando es conveniente, sino porque es necesario.
Ahí entra en juego el concepto de custodia comunitaria. No buscamos voluntarios por un día; buscamos custodios: personas que se preocupen profundamente, asuman responsabilidades y inspiren a otros a hacer lo mismo. Personas como nuestro exdirector ejecutivo Jerry Lee, cuyo ejemplo en MG2 demuestra que el liderazgo en el compromiso comunitario no se mide por reconocimientos, sino por responsabilidad y seguimiento.
La custodia es contagiosa. Cuando una persona la modela, otros dan un paso al frente. Este enfoque refleja cómo concebimos nuestro trabajo como diseñadores: las comunidades no prosperan por un solo edificio o una idea, sino cuando muchas personas contribuyen, cuando los espacios fomentan la conexión y cuando la responsabilidad es compartida. Lo mismo ocurre con devolver a la sociedad. Cuando todos son invitados a participar, todos tienen un interés genuino en el resultado. Y eso, precisamente, es lo que fortalece a las comunidades.