Un dato positivo en un contexto preocupante

Medir la salud de una ciudad va más allá de su índice de calidad del aire, el crecimiento poblacional o la creación de empleo. Uno de los indicadores más reveladores —y menos priorizado por los gobiernos locales— es la seguridad al caminar. Estados Unidos ostenta un triste récord: es uno de los países desarrollados más peligrosos para los peatones. Las estadísticas son contundentes: los peatones estadounidenses mueren atropellados por coches a un ritmo tres veces superior al de los canadienses, cuatro veces mayor que el de británicos y australianos, y más de trece veces que el de los noruegos.

Un descenso inesperado, pero con matices

El pasado mes de octubre llegó una noticia alentadora: según un informe preliminar de la Asociación de Seguridad Vial de Gobernadores (GHSA), las muertes de peatones en EE.UU. cayeron un 11% en el primer semestre de 2025, con un total estimado de 3.024 víctimas mortales. Esta reducción se enmarca en una tendencia más amplia de descenso en las muertes por accidentes de tráfico en el país.

Aunque salvar vidas es siempre motivo de celebración, los expertos advierten que este descenso podría ser un espejismo. La caída se produce tras un aumento sin precedentes durante la pandemia: en 2021, se registraron 7.470 muertes de peatones, frente a las 6.565 de 2020 y las 6.272 de 2019. Las cifras actuales, aunque mejoran, siguen siendo superiores a las de los años previos a la COVID-19.

¿Por qué el término "peatón" es problemático?

El lenguaje también refleja la gravedad de la situación. Adam Snider, director de Comunicación de la GHSA, critica el uso del término "peatón" para referirse a las víctimas de atropellos. "Todos somos peatones", argumenta. "En el momento en que abandonas tu coche, el autobús o incluso tu casa, te conviertes en uno". Esta definición incluye a personas en sillas de ruedas, niños en carritos o personas mayores con movilidad reducida.

"Caminar es el acto intencional más cercano a los ritmos involuntarios del cuerpo: la respiración o el latido del corazón".
— Rebecca Solnit, escritora y ensayista

Snider añade que morir en un atropello es una forma de fallecimiento "visceral, repentina y violenta", una tragedia que golpea en el estado más vulnerable del ser humano.

Un problema con raíces estructurales

Aunque las muertes por accidentes de tráfico no figuren entre las principales causas de mortalidad en EE.UU., su impacto social es desproporcionado. El sistema de transporte estadounidense prioriza los vehículos a motor, dejando a los peatones en una posición de extrema vulnerabilidad. Las infraestructuras urbanas, diseñadas para coches, carecen de aceras seguras, pasos de cebra adecuados o límites de velocidad efectivos en muchas zonas.

Los expertos coinciden en que, más allá de las fluctuaciones estadísticas, el problema requiere soluciones estructurales: rediseño urbano, mayor inversión en movilidad peatonal y campañas de concienciación. Solo así se podrá garantizar que caminar por las calles deje de ser una actividad de alto riesgo.

Fuente: Vox