El lema que cambió la ciencia: "Nullius in verba"

"Nullius in verba" —traducido como "No te fíes de la palabra de nadie"— es el lema oficial de la Royal Society de Londres, la academia científica más antigua del mundo. Este principio, adoptado en 1660, defiende el escepticismo frente a la autoridad y la apuesta por la evidencia empírica y los experimentos como base del conocimiento. Hoy, más de tres siglos después, su mensaje sigue vigente en la llamada "revolución de la evidencia", un movimiento que busca sustituir las opiniones, los dogmas y las tradiciones por datos rigurosos en campos como la medicina, la educación o la gestión pública.

Errores históricos que costaron vidas

En su libro Más allá de lo creído: cómo la evidencia revela qué funciona (Princeton University Press), la periodista científica Helen Pearson recorre la historia de este cambio de paradigma. Uno de los ejemplos más impactantes es el caso del pediatra Benjamin Spock, cuya influencia durante décadas llevó a recomendar a los padres colocar a los bebés boca abajo para dormir, con el argumento de evitar que se ahogaran con su propio vómito. Lo que en su momento se consideró "sentido común" terminó siendo una de las peores recomendaciones en la historia de la salud infantil.

Tras décadas de aplicar este consejo, los casos de Síndrome de Muerte Súbita del Lactante (SMSL) se dispararon. No fue hasta 1990, cuando un estudio demostró que los bebés que dormían boca abajo tenían nueve veces más probabilidades de fallecer por SMSL, que las autoridades sanitarias lanzaron una campaña para cambiar la recomendación. El resultado fue inmediato: las muertes por SMSL cayeron un 70% en pocos años.

«La promoción del sueño boca abajo por Spock y otros se considera hoy una de las peores recomendaciones sin fundamento en la historia de la salud infantil», escribe Pearson en su obra.

La medicina basada en pruebas: un avance de solo 35 años

Aunque hoy parece obvio que la medicina debe basarse en evidencia científica, el término "medicina basada en pruebas" tiene menos de 35 años. Pearson destaca cómo, hasta hace pocas décadas, las decisiones médicas dependían en gran medida de la experiencia personal de los profesionales, las tradiciones o el prestigio de figuras destacadas, sin un respaldo sólido en datos.

Uno de los pilares de este cambio fue la introducción de los ensayos controlados aleatorizados (ECA), un método en el que los participantes se asignan al azar a un grupo que recibe un tratamiento experimental o a otro que recibe un placebo o el tratamiento estándar. Al comparar los resultados entre ambos grupos, se reduce el sesgo y se determina con mayor precisión la eficacia de una intervención.

Sin embargo, Pearson advierte que no todos los ECA son iguales. Muchos adolecen de fallos metodológicos, como muestras demasiado pequeñas para detectar efectos reales, falta de transparencia en los resultados negativos o escasa información sobre cómo aplicar los tratamientos en la práctica clínica.

El desperdicio en la investigación médica

Un artículo publicado en The Lancet en 2009 estimó que el 85% de la investigación médica se desperdicia debido a estudios mal diseñados, resultados no publicados o falta de detalles para replicar los hallazgos. Esta problemática fue analizada en profundidad por el bioestadístico John Ioannidis en su famoso estudio de 2005, donde demostró que la mayoría de los hallazgos científicos publicados son falsos.

Para paliar estos problemas, en 1992 se creó la Cochrane Collaboration, una organización sin ánimo de lucro que revisa sistemáticamente miles de estudios para ofrecer a los profesionales sanitarios la mejor evidencia disponible. Su trabajo ha sido clave para mejorar la calidad de la investigación y garantizar que las decisiones clínicas se tomen con información fiable.

¿Por qué sigue siendo necesario cuestionar lo establecido?

Aunque la revolución de la evidencia ha avanzado mucho, Pearson señala que aún quedan retos pendientes. En campos como la educación, la gestión empresarial o la conservación ambiental, muchas decisiones siguen basándose en anécdotas o en la opinión de expertos, sin el respaldo de estudios rigurosos. La autora insiste en que, en un mundo donde la desinformación y los intereses creados pueden distorsionar el conocimiento, la cultura del "no te fíes de nadie" sigue siendo más necesaria que nunca.

«La evidencia no es perfecta, pero es el mejor antídoto que tenemos contra el error y la arbitrariedad», concluye Pearson. «En una era de bulos y falsas verdades, aprender a valorar los datos sobre las opiniones puede marcar la diferencia entre el progreso y el retroceso».

Fuente: Reason