«Si estuviéramos en Serbia, todos habríamos sido despedidos», declaró Nikola Jokic el pasado jueves, horas después de que los Denver Nuggets fueran eliminados en primera ronda de los playoffs por los Minnesota Timberwolves en seis partidos. El equipo de Minnesota, que no contaba con su estrella Anthony Edwards ni con otros dos jugadores clave, logró imponerse a pesar de las ausencias.
Los Nuggets, campeones de la NBA en 2023, contaban con Jokic, considerado el tercer mejor jugador de la competición, pero no pudieron evitar una derrota contundente. Esta es la segunda vez en tres años que los Timberwolves, un equipo más físico y con mayor profundidad de banquillo, acaban con sus aspiraciones en playoffs.
La serie dejó en evidencia las carencias del equipo de Denver: falta de atletismo, escasez de talento de apoyo y una incapacidad para adaptarse a un rival que, incluso con jugadores clave lesionados, supo imponer su juego.
La derrota refuerza las dudas sobre el futuro de los Nuggets, que, pese a contar con una estrella de élite, no han logrado consolidar un equipo competitivo más allá de Jokic.