Cuando una empresa crece, muchos fundadores asumen que su implicación directa es clave para su éxito. Sin embargo, ese instinto puede convertirse en el mayor freno para su desarrollo. Lo que en su día impulsó el negocio —toma de decisiones unipersonal, dirección creativa marcada y control absoluto— comienza a generar cuellos de botella en la escalabilidad. Los equipos no logran autonomía, los niveles directivos no se consolidan y la organización queda anclada a la visión del fundador, impidiendo su evolución.
Esta realidad la viví en primera persona tras una década al frente de Kurppa Hosk, la agencia creativa que cofundé con Thomas Kurppa. El negocio funcionaba: habíamos logrado reconocimiento internacional. Pero el crecimiento se estancaba de formas menos evidentes. Como CEO, mi estilo de liderazgo —directo, participativo y basado en el diálogo constante— dificultaba la escalabilidad del equipo. Fue entonces cuando, junto a Kurppa Hosk, impulsamos Eidra, un colectivo de consultoría que agrupa a 30 empresas, 1.400 profesionales y 14 oficinas en todo el mundo, especializado en estrategia, creatividad, innovación y tecnología.
Este nuevo proyecto me permitió redirigir mis fortalezas hacia un ámbito distinto. La conclusión fue clara, aunque difícil de aceptar: la empresa no necesitaba más de mí, sino una versión distinta de mí. Renunciar al cargo de CEO no fue un fracaso, sino una decisión estratégica para dar espacio a la compañía y asegurar su futuro. No es un paso sencillo: el 58% de los fundadores tienen dificultades para soltar el control. Pero si te planteas si ha llegado el momento de dar un paso atrás, estos son cinco consejos para afrontar la transición con seguridad.
1. Reconoce la necesidad de cambio
Dejar el liderazgo suele asociarse con el fracaso. Casos como el de Andrew Mason en Groupon o Adam Neumann en WeWork refuerzan esa percepción. Sin embargo, no hace falta un escándalo público para considerar este paso. Un líder responsable identifica cuándo su estilo ya no favorece el crecimiento de la empresa.
En mi caso, comprendí que la agencia necesitaba rigor operativo para aprovechar futuras oportunidades. Mi enfoque directo y participativo no era compatible con esa necesidad. Por eso, es clave preguntarse: ¿Las decisiones se están ralentizando? ¿El equipo depende demasiado de mí? ¿Estoy acallando otras voces o frenando el desarrollo del talento? Responder con honestidad permite que la empresa evolucione.
2. Busca no solo competencia, sino alineación cultural
Una transición exitosa depende de construir un equipo directivo en el que confíes plenamente. Esto va más allá de la capacidad técnica: la coincidencia cultural es fundamental. El nuevo líder debe entender y respetar la esencia de la empresa, pero también aportar una perspectiva fresca.
En Kurppa Hosk, nuestra cultura interna era un pilar de identidad y éxito. Durante la transición, era esencial preservarla. Por eso, al buscar un sucesor, no bastaba con encontrar a alguien técnicamente brillante; debía compartir nuestros valores y visión. Solo así se garantiza que la empresa mantenga su ADN mientras avanza hacia nuevos retos.