El presidente ruso, Vladimir Putin, enfrenta un creciente malestar en su país. Tras cinco años de guerra en Ucrania y una economía cada vez más debilitada, su popularidad ha caído hasta el 72%, según datos oficiales, una cifra que, aunque alta, representa un descenso de casi siete puntos en solo dos meses.
Sin embargo, analistas como Abbas Galyamov, exiliado en el extranjero, advierten que en un régimen autoritario, estas encuestas reflejan más el miedo de los ciudadanos que su verdadero apoyo. Cuando se pregunta a los rusos qué políticos confían, solo el 29% menciona a Putin, frente al 35% registrado a finales de 2024.
La situación económica es otro de los grandes problemas. Aunque el gasto militar ha sostenido el crecimiento, el PIB ruso creció solo un 1% en 2025 y se contrajo un 2% en enero y febrero de este año. El déficit presupuestario aumenta, los ingresos por petróleo caen y los ataques ucranianos han dañado infraestructuras clave, como los depósitos y refinerías de petróleo.
La inestabilidad se extiende incluso a zonas antes consideradas seguras. En la ciudad portuaria de Tuapse, ataques con drones han provocado incendios masivos y han dejado a los ciudadanos en estado de shock. Un vídeo viral muestra a una mujer llorando mientras denuncia que ya no puede disfrutar del mar con su hijo debido a los vertidos de petróleo y los constantes bombardeos.
La represión en internet y el control de la información
Rusia intensifica su censura en la red, un ámbito donde, hasta hace poco, el país avanzaba rápidamente en digitalización. Con más de la mitad de la población conectada, el Kremlin busca silenciar las críticas y controlar el flujo de información, especialmente tras las protestas por la gestión de la guerra y la economía.
¿Pueden las elecciones cambiar algo?
En septiembre, Rusia celebrará elecciones parlamentarias, pero el sistema está diseñado para garantizar la permanencia de Putin. Tras 26 años en el poder, el Kremlin ha perfeccionado el arte de manipular los comicios y excluir a los rivales. Solo un estallido masivo de indignación popular podría alterar el statu quo.
Mientras, el líder ruso ha mostrado su frustración en reuniones con funcionarios, cuestionando por qué los indicadores económicos no cumplen sus expectativas. Pero con la guerra, la represión y una sociedad cada vez más dividida, el futuro de Putin parece más frágil que nunca.