La amistad hoy se mide por lo que nos aporta, no por lo que aportamos. Danielle Bayard Jackson, experta en relaciones sociales, lo comprobó al analizar el éxito de sus publicaciones en redes sociales. Cada vez que compartía contenido donde el usuario se sentía perjudicado —como «¿Cómo saber si tus amigos te están usando demasiado?» o «Por qué tus expectativas en la amistad no coinciden»—, sus más de 420.000 seguidores en Instagram y TikTok respondían con gran interacción.
«Notamos especialmente cuando nos hacen daño o nos olvidan. Nos colocamos en el centro de la historia», explica Jackson. Este fenómeno refleja un cambio en la percepción de la amistad: relaciones cada vez más condicionadas a la conveniencia personal.
Según William Chopik, profesor de psicología social en la Universidad Estatal de Michigan, «el momento social debe ser tan atractivo que compense el esfuerzo». Las amistades platónicas suelen quedar relegadas frente a las románticas, consideradas prioritarias. Incluso, algunos comparan a los amigos con personajes no jugables (NPC) en videojuegos: figuras secundarias sin vida propia.
La investigación en comportamiento social identifica el egoísmo como la principal causa de ruptura de amistades. Ser un buen amigo no implica ser sumiso, sino considerar cómo enriquecer la vida de los demás. La pregunta clave es: ¿Te gustaría ser amigo de ti mismo?
La tecnología también influye. Las redes sociales, donde el usuario es protagonista, y los chatbots de IA, siempre disponibles para escuchar, distorsionan la idea de reciprocidad. «Todos queremos buenos amigos, pero pocos reflexionan sobre cómo serlo», señala Chopik.
El equilibrio entre dar y recibir
La amistad exige un intercambio activo. No basta con esperar que los demás estén ahí cuando los necesitemos; hay que invertir tiempo, empatía y apoyo genuino. Sin embargo, la cultura actual premia la inmediatez y el beneficio personal, dejando poco espacio para la paciencia y la lealtad.
Expertos recomiendan:
- Priorizar la calidad sobre la cantidad: Mejor una amistad profunda que cientos de contactos superficiales.
- Ser proactivo: Iniciar planes, escuchar sin juzgar y celebrar los éxitos ajenos.
- Reconocer el valor del otro: Preguntarse qué aportas tú, no solo qué recibes.
En una sociedad donde el individualismo gana terreno, la amistad auténtica se convierte en un acto de rebeldía. ¿Estás dispuesto a ser el amigo que los demás necesitan?