Marielle Santos McLeod, de 45 años, superó el cáncer de colon en 2017. Sin embargo, cuatro años después, sigue pagando las facturas de la quimioterapia y los costes adicionales de seguimiento médico. Reside cerca de Charleston (Carolina del Sur) y, además de los $2.500 gastados en los dos primeros meses de este año, debe otros $1.300 por una colonoscopia realizada en enero. A esto se suma la prima mensual de $895 de su seguro médico familiar. Estos gastos la obligan a racionar su atención sanitaria: pospone pruebas como una tomografía computarizada y una consulta con un cardiólogo, pese a sufrir dolores intensos en el pecho desde febrero.
«Te ves obligado a priorizar dónde debes destinar tu dinero», explica McLeod, directora de programas estratégicos y alianzas en Cancer Hope Network, una organización sin ánimo de lucro que apoya a pacientes con cáncer. Incluso en su puesto, le cuesta gestionar las secuelas económicas de haber superado la enfermedad. «El coste del cuidado posterior al cáncer nos mantiene como rehenes», afirma.
McLeod es una de los casi 19 millones de supervivientes de cáncer en EE.UU. Muchos requieren medicamentos, visitas médicas y procedimientos para controlar su estado y los efectos secundarios del tratamiento. Según una encuesta de 2024 realizada por la American Cancer Society Cancer Action Network a más de 1.200 pacientes y supervivientes, el 47% acumuló deudas médicas, y casi la mitad debía más de $5.000.
Los expertos en políticas sanitarias y defensores de los pacientes advierten que las propuestas de la administración Trump para reducir primas podrían no beneficiar a quienes, como McLeod, arrastran facturas médicas millonarias año tras año. Estas propuestas se centran en ampliar la disponibilidad de seguros con altos deducibles: planes con primas mensuales más bajas, pero que exigen pagar miles de dólares antes de que la cobertura entre en vigor.
Además, la administración ha apoyado que las aseguradoras puedan vender planes no conformes con la Ley de Cuidado de Salud Asequible (ACA). Estos podrían excluir a personas con enfermedades preexistentes, como el cáncer, y eliminar beneficios esenciales que los planes de la ACA deben cubrir. La administración no respondió a una solicitud de comentarios sobre cómo sus propuestas afectarían a los supervivientes de cáncer.
Sus defensores argumentan que, en general, los pacientes tendrían más flexibilidad para personalizar su cobertura y opciones con primas más bajas. Michael Cannon, director de estudios de políticas sanitarias del Instituto Cato —un *think tank* libertario—, cree que, si se eximiera a los planes de salud de las regulaciones actuales, los pacientes tendrían mayor control sobre sus gastos y podrían elegir qué tipo de atención incluir en su cobertura.