Matt Multari, de 25 años, lleva año y medio trabajando como repartidor para Amazon y organizando a sus compañeros con el sindicato Teamsters. Su jornada consiste en entregar paquetes desde el almacén DBK-1 en Queens (Nueva York), pero para él su labor va más allá de la eficiencia logística: es una lucha histórica contra la explotación.
«Tras perder su Estado, los asirios sobrevivieron en Irak durante miles de años. Tras un genocidio que les obligó a huir, algunos llegaron a Rusia, luego a Irán y finalmente a Nueva York. Ahora estoy aquí», declaró Multari durante una protesta el pasado 1 de mayo, Día Internacional de los Trabajadores. «Y quiero decirle a Amazon: ¡que os jodan!».
Multari fue uno de los oradores en una manifestación frente a una oficina de Amazon en Nueva York, donde cientos de trabajadores —desde almacén hasta ingenieros— se congregaron para exigir mejores condiciones laborales. «Cada uno de nosotros tiene una historia de lucha generacional», afirmó. «Pero Amazon intenta borrar nuestra identidad. Nos vigila, nos controla y nos hace prescindibles».
Vigilancia constante y cuotas inalcanzables
Multari describió el sistema de control al que está sometido: «Llevamos una app que nos indica el orden exacto de las paradas y nos impone cuotas de tiempo. Si tardamos demasiado o no cumplimos, la app nos acelera. Cada semana recibimos una puntuación con nuestro rendimiento».
Hace cinco meses, Multari y sus compañeros del almacén DBK-1 se sindicaron con el Teamsters, sumándose a miles de trabajadores de Amazon en EE.UU. que exigen representación sindical. Aunque la empresa se niega a negociar con el sindicato, en situaciones extremas —como las tormentas invernales récord— han logrado pequeñas victorias, como el pago de días no trabajados o la compra de carretillas nuevas.
Amazon, ICE y la automatización como amenaza
Multari y sus compañeros son conscientes de que la batalla por la seguridad laboral apenas comienza. «Amazon es, ante todo, una empresa tecnológica», explicó. «Su mayor activo somos nosotros: nuestros datos de rutas, que usa para entrenar algoritmos y hacernos cada vez más prescindibles».
La plataforma de computación en la nube Amazon Web Services (AWS) —más rentable que todo el negocio minorista de la compañía— vende servicios al gobierno de EE.UU., incluyendo a ICE (Inmigración y Control de Aduanas). Según Forbes, durante la segunda presidencia de Trump, ICE gastó al menos 25 millones de dólares en AWS. Además, AWS tiene contratos con Palantir, la empresa de tecnología de vigilancia que alimenta gran parte de las operaciones de deportación de ICE.
La relación entre Amazon e ICE va más allá de lo económico. El director interino de ICE, Todd Lyons, ha declarado que quiere que las deportaciones en EE.UU. funcionen «como Amazon Prime para seres humanos».
Por eso, en la protesta del 1 de mayo, no solo participaron trabajadores sindicados de almacenes, sino también empleados no sindicados del sector tecnológico. Todos compartían un mismo mensaje: Amazon no puede seguir explotando a sus trabajadores mientras colabora con agencias que violan derechos humanos.