En una reciente sesión de la Comisión del Condado de Box Elder, en Tremonton (Utah), un ciudadano estalló contra lo que denominó "información falsa" durante la deliberación sobre un polémico proyecto de centro de datos respaldado por el multimillonario Kevin O'Leary. El vídeo, difundido por el grupo progresista More Perfect Union, muestra a los asistentes coreando "vergüenza, vergüenza" a los comisionados, quienes, pese a la oposición masiva, aprobaron el proyecto Stratos —de 40.000 acres, equivalente a 2,5 veces el tamaño de Manhattan— destinado a prestar servicios al ejército.

El comisionado Tyler Vincent justificó la decisión argumentando que "todos tienen derechos sobre sus propiedades y pueden hacer con ellas lo que deseen". Sin embargo, este caso no es aislado. Según un análisis de Heatmap News, en el primer trimestre de 2026 se cancelaron 20 proyectos de centros de datos en EE.UU. por presión de autoridades locales, duplicando el récord anterior (10 cancelaciones en el último trimestre de 2025).

El auge de los centros de datos —con 2.788 proyectos en desarrollo según el American Edge Project, un 67% más que en años anteriores— ha generado una ola de rechazo social. Aunque los expertos subrayan que estos centros tienen un impacto mínimo —bajas emisiones, escaso ruido, tráfico reducido y consumo de agua similar al de una oficina—, la oposición se basa en prejuicios como el "no en mi patio trasero" (NIMBY) y la desconfianza hacia la tecnología.

Un informe del Congressional Research Services (CRS) señala que, si bien los centros de datos pueden elevar temporalmente los costes energéticos por la demanda de infraestructura, también podrían reducir tarifas eléctricas al aumentar la rentabilidad de las utilities. No obstante, la percepción pública sigue dominada por el escepticismo, incluso cuando los datos demuestran lo contrario.

Fuente: Reason