En una tarde soleada de octubre de 2023, unos 70 niños entraron en un túnel oscuro y fresco en el sur de París. El lugar, parte de la antigua línea ferroviaria Petite Ceinture que rodea la ciudad, mantiene una temperatura constante de 18°C, ideal para refugiarse del calor extremo que se avecina.
Una vez bajo tierra, los menores simularon los efectos de temperaturas récord que podrían convertirse en realidad en sus vidas. Algunos fingieron intoxicaciones por alimentos en mal estado tras un corte de luz, mientras otros representaron casos de intoxicación por monóxido de carbono de un generador averiado. Entre ellos, trabajadores de la Cruz Roja decidían a quién enviar a hospitales colapsados, mientras bomberos, funcionarios y profesores recreaban el caos que provocaría una ola de calor sin precedentes.
El ejercicio, bautizado como París a 50°C, buscaba anticipar qué ocurriría si el mercurio alcanzara los 50°C, un escenario que los científicos advierten podría ser habitual para 2100. La simulación combinó simulacros en vivo y mesas de trabajo para diseñar un plan que proteja a los 2 millones de habitantes de la capital francesa.
Estas prácticas, antes limitadas a pocas ciudades, se están extendiendo. Gobiernos europeos trabajan para prepararse ante un aumento de entre 2,8°C y 3,3°C en las temperaturas, un cambio que podría llevar a París a registrar temperaturas veraniegas peligrosas a finales de siglo.
El riesgo global del calor extremo
Según modelos climáticos, más de 1.600 millones de personas en casi 1.000 ciudades podrían enfrentarse a condiciones insalubres en solo tres décadas. Las olas de calor ya están saturando hospitales, causando cortes de suministro y paralizando el transporte. En sistemas urbanos complejos, incluso fallos menores pueden desencadenar crisis mayores.
¿Mejoran realmente los simulacros la preparación?
Para Pénélope Komitès, teniente de alcalde de París encargada de resiliencia, estos ejercicios son esenciales. «Queríamos mostrar que las olas de calor no son solo algo que vemos en la televisión, sino un riesgo inminente que requiere acción inmediata», declaró. Su equipo invirtió 18 meses en preparar un simulacro que duró solo dos días.
Para diseñar el escenario, científicos del Grupo de Expertos en Cambio Climático de Île-de-France —que asesora a las autoridades locales— modelaron proyecciones futuras. Otros estudios, basados en datos del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), respaldaron la simulación.
Aunque el ejercicio fue un avance, queda por ver si estas prácticas logran reducir el impacto real de futuras catástrofes climáticas.