Un debut inglés lleno de excentricidades

La película ‘Butterfly Jam’, dirigida por Kantemir Balagov en su primer largometraje en inglés, es un plato fuerte de excentricidad y drama familiar que no deja indiferente. Con Barry Keoghan y Riley Keough como protagonistas, la cinta mezcla ingredientes como humor negro, violencia inesperada y personajes profundamente excéntricos, aunque sin alcanzar una narrativa del todo cohesionada.

Un protagonista atrapado en su propia burbuja

Azik (Barry Keoghan), un inmigrante de origen circasiano, vive atrapado en el pequeño mundo de un restaurante familiar en Nueva Jersey. Su vida transcurre entre la monotonía de su trabajo como cocinero y la dinámica caótica de su familia. Azik, que podría padecer algún tipo de discapacidad cognitiva o simplemente estar siempre bajo los efectos de alguna sustancia, se debate entre la inmadurez y una madurez forzada por las circunstancias.

La película arranca con un golpe emocional: el anuncio de la muerte del padre de Temir (Talha Akdogan), un adolescente de 16 años que, en teoría, debería estar bajo el cuidado de su progenitor. Sin embargo, Azik, interpretado por Keoghan, se revela como un padre ausente y poco fiable, lo que plantea una de las primeras incoherencias del relato: ¿cómo ha logrado sobrevivir como padre soltero en esas condiciones?

Un drama familiar con giros inesperados

La cinta alterna entre momentos de humor absurdo y escenas de violencia abrupta, sin que el tono logre consolidarse. En la primera mitad, el film se centra en la obsesión de Azik por perfeccionar un plato tradicional circasiano, el delen (una especie de pastel de patatas, queso y hierbas), que se convierte en un símbolo de sus aspiraciones frustradas. Tras recibir elogios por su preparación, Azik decide que es chef, dando un giro a su vida que, sin embargo, carece de solidez narrativa.

La segunda parte de la película introduce un cambio de registro con escenas de violencia inesperada, aunque el tono sigue siendo irregular. Balagov, que concibió el proyecto originalmente en su ciudad natal de Nalchik, reubicó la historia en la diáspora circasiana de Nueva Jersey tras huir de Rusia. Sin embargo, las costuras del guion se hacen evidentes, y la película no termina de encajar ni como drama familiar ni como relato de desarraigo.

Personajes excéntricos y una narrativa fragmentada

El mayor atractivo de ‘Butterfly Jam’ reside en sus personajes, especialmente en la interpretación de Barry Keoghan, que da vida a un Azik lleno de matices y contradicciones. Riley Keough, como su hermana Zalya, aporta una presencia sólida, aunque su papel queda relegado a un segundo plano. El resto del elenco, incluyendo a Harry Melling como el hermano Marat, completa un retrato familiar tan peculiar como desestructurado.

La película, que se estrenó en la Quincena de Realizadores de Cannes, juega con la idea de lo absurdo y lo grotesco, pero sin lograr una coherencia narrativa. Más que un drama familiar o un retrato de la diáspora, ‘Butterfly Jam’ se presenta como un estudio de personajes excéntricos, donde cada escena parece existir por sí misma, sin un hilo conductor claro.

"Balagov nos ofrece un festín de excentricidades, pero el resultado es un plato que no termina de cuajar. La película es como el delen de Azik: lleno de ingredientes interesantes, pero con una presentación que deja mucho que desear."

Conclusión: ¿Un experimento fallido o una joya oculta?

Aunque ‘Butterfly Jam’ tiene momentos brillantes, especialmente en las actuaciones de Keoghan y Keough, la película adolece de una narrativa fragmentada y un tono desigual. No es una película para todos los públicos, pero aquellos que busquen una experiencia cinematográfica excéntrica y llena de matices podrían encontrar en ella un pequeño tesoro.

Si te gustan los dramas familiares con un toque de absurdo y personajes profundamente humanos, aunque imperfectos, esta cinta puede merecer la pena. Eso sí, prepárate para un viaje caótico y lleno de giros inesperados.

Fuente: The Wrap