El poder del cine y su capacidad para reescribir la historia

Pocas herramientas en la historia de la humanidad han tenido tanto poder para moldear la percepción de la realidad como el cine. Los seres humanos estamos programados para aceptar como verdad lo que vemos y escuchamos, una premisa que George Orwell plasmó en 1984 con la frase: «Rechaza la evidencia de tus ojos y oídos». Como señala el historiador Thomas Doherty en su libro How Film Became History, el cine fue durante décadas el instrumento propagandístico definitivo. En la Rusia soviética, por ejemplo, se manipulaban imágenes del pasado para glorificar a Lenin y Stalin, reescribiendo la historia según las necesidades ideológicas del presente.

Las limitaciones legales que transformaron 'Michael'

Entender cómo el cine puede reescribir (o borrar) los errores del pasado es clave para analizar el biopic Michael, protagonizado por Jaafar Jackson. Según ha documentado el periodista Matthew Belloni, la película, producida con el beneplácito del patrimonio de Michael Jackson, sufrió un profundo cambio de guion cuando se descubrió que no podía dramatizar las acusaciones de abuso sexual presentadas en 1993 por Jordan Chandler, entonces un niño de 13 años. El guión original presentaba a Jackson como una víctima ingenua de una familia interesada en extorsionarlo, culminando en un acuerdo millonario que arruinó su reputación.

La imposibilidad de incluir este episodio en la película obligó a los productores —Graham King (Bohemian Rhapsody) y John Branca, abogado del patrimonio de Jackson— junto al director Antoine Fuqua (Día de entrenamiento), a replantear el proyecto. El resultado es una cinta desprovista de tensión dramática, centrada en la ascensión del artista bajo una luz casi celestial, con un Michael Jackson infantilizado y lleno de inocencia.

Una película que evita el conflicto

La versión final de Michael se centra en la fama y el talento del artista, pero omite deliberadamente los aspectos más oscuros de su vida. Aunque el resultado es visualmente atractivo y musicalmente vibrante, la falta de matices resta profundidad al relato. El espectador queda atrapado en una narrativa edulcorada, donde el genio del pop brilla sin sombras.

«El cine puede reescribir la historia, pero no puede borrar la verdad».

¿Qué dice esto sobre el cine biográfico?

La controversia en torno a Michael plantea preguntas incómodas sobre el género biográfico. ¿Hasta qué punto una película debe reflejar la complejidad de su protagonista? ¿Puede el arte distorsionar la realidad sin perder credibilidad? La respuesta no es sencilla, pero Michael demuestra que, a veces, el resultado final es una versión edulcorada de la historia, más cercana a un homenaje que a un retrato fiel.

Mientras el público disfruta de la música y el carisma de Jackson en pantalla, la película deja un regusto amargo: la sensación de que el cine, a veces, prefiere la fantasía a la verdad.