Natalie Heller Mills no es el tipo de personaje que uno suele encontrar al inicio de una novela. Desde la primera página, Caro Claire Burke la presenta como una influencer de moda 'tradwife' —un concepto que idealiza el rol de la mujer como ama de casa sumisa— con una arrogancia que roza lo insoportable. "Era perfecta viviendo", afirma con total convicción. Pero pronto descubrimos que su percepción de la realidad es tan distorsionada como el personaje que proyecta en Instagram.
En Yesteryear, Burke entrelaza dos narrativas: por un lado, el ascenso de Natalie como reina de las madres influyentes en redes sociales; por otro, su abrupta caída en una pesadilla que parece sacada de un libro de historia. Despierta en lo que parece ser una granja del siglo XIX, con un retrete exterior, montañas de ropa por lavar a mano y un marido que no duda en usar la violencia si intenta escapar. ¿Es esto un sueño? ¿Una alucinación? ¿O acaso el castigo merecido por una vida construida sobre mentiras?
La trama del siglo XIX es intrigante, pero es el pasado de Natalie lo que realmente engancha y genera empatía. Criada en una comunidad ultraconservadora y luego integrada en una familia política adinerada, Mills construyó un mundo de fantasía para reconciliar quién era con quién creía que debía ser. Lo que comienza como una crítica a la hipocresía de las influencers que venden una vida idílica en redes, termina siendo una reflexión mucho más profunda: ¿qué pasa cuando el engaño se vuelve contra uno mismo?
De la ficción a la realidad: el precio de la autenticidad
Burke no solo desmonta el mito de la 'tradwife' influencer, sino que expone los mecanismos psicológicos detrás de la construcción de identidades falsas. Natalie no es una villana por elección, sino por necesidad: en un entorno donde la perfección es moneda de cambio, inventó un personaje que le permitiera sobrevivir en un mundo que le exigía ser algo que nunca fue.
La novela plantea una pregunta incómoda: ¿cuántas de nosotras hemos editado nuestra vida para adaptarla a un ideal inalcanzable? Yesteryear no ofrece respuestas fáciles, pero sí una advertencia clara: la mentira más peligrosa es la que nos contamos a nosotros mismos.
Conclusión: una crítica necesaria en la era de las redes
Yesteryear es mucho más que una distopía feminista o una sátira de las influencers. Es un espejo incómodo que refleja los excesos de una cultura obsesionada con la apariencia y la autenticidad forzada. Burke logra lo que pocas novelas consiguen: convertir a un personaje odioso en alguien con quien es imposible no simpatizar, incluso cuando sus acciones son reprochables.
Si buscas una lectura que desafíe tus ideas preconcebidas sobre el éxito, la identidad y el precio de la perfección, Yesteryear es una opción más que recomendable. Eso sí, prepárate para cuestionar cada historia que ves en Instagram después de leerla.