Estados Unidos está experimentando un aumento sin precedentes en su diversidad racial, pero sus sistemas de recolección de datos siguen anclados en categorías binarias. Esta desconexión no solo distorsiona la realidad demográfica, sino que también influye en decisiones políticas, sanitarias y legales que afectan directamente a millones de personas.

El auge de la población multirracial

Según datos del Censo de EE.UU., la población que se identifica como multirracial —aquella que marca dos o más razas— pasó de 9 millones en 2010 a 33,8 millones en 2020. Este crecimiento, uno de los más rápidos entre todos los grupos demográficos, refleja un cambio profundo en la composición social del país. Sin embargo, la forma en que se mide esta diversidad sigue siendo un desafío.

¿Cómo se mide la raza hoy?

Hasta los años 60, la raza se asignaba de forma subjetiva por los censistas. Hoy, la identificación es mayoritariamente autodeclarada. El Censo permite a los ciudadanos marcar una o varias razas, pero esta flexibilidad genera inconsistencias: una misma persona puede identificarse de formas distintas según el contexto o el momento.

Expertos señalan que la identidad racial no es estática. Por ejemplo, una persona con un padre blanco y otro asiático podría identificarse como ambas razas en una encuesta y solo como asiática en otra. Esta variabilidad complica el análisis de datos, ya que no existe un grupo homogéneo de personas multirraciales.

Las consecuencias de una medición deficiente

La falta de datos precisos tiene repercusiones en múltiples ámbitos:

  • Salud: Pacientes multirraciales sufren errores de identificación y microagresiones en entornos clínicos, lo que reduce su confianza en el sistema sanitario. Estudios demuestran que la mala clasificación puede llevar a diagnósticos erróneos o tratamientos inadecuados.
  • Justicia: Los tribunales suelen tratar a las personas multirraciales como pertenecientes a un único grupo minoritario, ignorando las formas específicas de discriminación que enfrentan. Esto dificulta la aplicación de leyes contra la discriminación.
  • Política: Los datos sobre comportamiento electoral o desigualdad pueden variar según cómo se mida la raza. Por ejemplo, una persona con ancestros afroamericanos podría ser clasificada como negra en un estudio y como multirracial en otro, alterando las conclusiones sobre patrones de voto o acceso a recursos.

El debate sobre la identidad y la clasificación

Gregory Leslie, psicólogo político de la Universidad Estatal de Ohio y coautor de un informe de la UCLA sobre estadounidenses multirraciales, advierte:

"Las fronteras de la raza se han vuelto más fluidas, pero no hemos resuelto qué significa esto en la práctica. Medimos algo dinámico con categorías estáticas, lo que genera datos difíciles de interpretar".

El informe de la UCLA destaca que las personas multirraciales enfrentan discriminación, pero el nivel de esta varía según su composición racial. Por ejemplo, quienes tienen ancestros afroamericanos reportan mayores tasas de discriminación que otros grupos multirraciales.

El futuro de los datos raciales

El desafío no es solo técnico, sino conceptual. Los sistemas actuales no capturan la complejidad de las identidades raciales en un país donde el 10% de los recién nacidos son multirraciales. Para avanzar, se necesitan:

  • Métodos de recolección más flexibles que reflejen la fluidez de las identidades.
  • Análisis desagregados que consideren las experiencias específicas de cada combinación racial.
  • Políticas públicas basadas en datos precisos para abordar desigualdades reales.

Mientras tanto, millones de estadounidenses siguen siendo invisibles en los registros oficiales, y sus experiencias quedan fuera de las decisiones que afectan sus vidas.

Fuente: Axios