El origen de la polémica

En febrero, The New York Times reveló que el director del FBI, Kash Patel, había asignado equipos SWAT rotativos para proteger a su pareja, la cantante de country Alexis Wilkins, durante sus giras por EE.UU. La utilización de estos recursos federales fue calificada como inapropiada y éticamente cuestionable por un exfuncionario del FBI, quien declaró: "Si quieres ser famoso o estrella en redes, contrata tu propia seguridad. La inadecuación de esto no puede ser subestimada".

La acusación de 'acoso' y la investigación

Wilkins interpretó el artículo como un acto de acoso, un delito federal penado con hasta cinco años de prisión. Según una fuente anónima citada por el Times, esta queja habría motivado una investigación del FBI contra la periodista Elizabeth Williamson, autora del reportaje. Si esta versión es cierta, se trataría de un intento sin precedentes de criminalizar el periodismo convencional.

Esta posible investigación encajaría con el discurso de Patel, quien ha tachado a los medios tradicionales de "el enemigo más poderoso de Estados Unidos" y ha amenazado con "perseguir a quienes en los medios ayudaron a Joe Biden a amañar elecciones presidenciales". Sin embargo, no tendría cabida en la Primera Enmienda, que protege la libertad de prensa.

Los pasos de la investigación

Según la fuente citada, agentes del FBI entrevistaron a Wilkins, consultaron bases de datos en busca de información sobre Williamson y recomendaron avanzar en la investigación por posible violación de las leyes federales de acoso. Algunos funcionarios del Departamento de Justicia mostraron su preocupación, al considerar que la pesquisa era una represalia por un artículo que Patel y Wilkins "no aprobaban". Finalmente, determinaron que no había base legal para continuar.

¿Por qué la investigación carecía de fundamento?

La ley federal define el acoso como la colocación de alguien "bajo vigilancia" con la intención de matar, herir, acosar o intimidar. Ninguna de las acciones de Williamson al investigar y escribir su reportaje encaja en esta definición. Según el Times, la periodista siguió los procedimientos habituales de su profesión: contactó con múltiples fuentes que conocían o habían trabajado con Wilkins, mantuvo una conversación telefónica off the record con ella y le envió correos electrónicos antes de la publicación. Incluso solicitó a Wilkins una lista de personas con las que hablar para el artículo, aunque esta no respondió.

Nada de esto se asemeja al delito que Wilkins denunció, algo que, según el Times, debería haber sido evidente para los agentes del FBI, quienes, sin embargo, tomaron la acusación lo suficientemente en serio como para recomendar profundizar en la investigación.

La versión del FBI

Un portavoz del FBI calificó de "falsa" la versión de que se hubiera investigado a Williamson. No obstante, al mismo tiempo, dio credibilidad a la absurda idea de que su conducta podría haber sido considerada como acoso, lo que refuerza las sospechas de un intento de intimidación a la prensa.

Libertad de prensa en entredicho

Este caso plantea serias dudas sobre el uso de recursos federales para perseguir a periodistas. Si bien el FBI negó la investigación, la mera existencia de la acusación y el análisis de los pasos dados generan preocupación sobre posibles ataques a la libertad de expresión y al trabajo periodístico independiente.

"La inadecuación de usar recursos federales para proteger a una pareja de un funcionario público no puede ser subestimada. Menos aún cuando se intenta criminalizar el periodismo estándar".

— Exfuncionario del FBI, citado por The New York Times
Fuente: Reason