Hace catorce años, Jody Price y su esposo, Griffith Jones, compraron una pequeña cabaña junto al lago Cayuga, en el estado de Nueva York. Su sueño era pasar allí sus años dorados, disfrutando de las aguas cristalinas y la tranquilidad del lugar. Sin embargo, pronto descubrieron que la realidad podía ser muy distinta a lo que imaginaban.

«Podíamos ver el agua desde la puerta de nuestra cabaña», recuerda Jody, profesora cuyo marido es un apasionado pescador. Durante los primeros cinco años, todo parecía perfecto. Pero en 2017, notaron un cambio preocupante: el agua cerca de la orilla comenzó a teñirse de un tono verdoso que se extendía cada vez más.

Intrigados y preocupados, contactaron a un amigo experto en aguas locales para analizar la situación. Tras recoger muestras del alga verde a pocos metros de su casa, la confirmación fue clara: se trataba de una floración de algas tóxicas, un fenómeno que alteró por completo su vida junto al lago.

Un verano sin agua del grifo

Desde entonces, la pareja ha tenido que adaptarse a una nueva realidad. Cuando las algas tóxicas aparecen, evitan usar el agua del grifo para ducharse o lavar los platos, ya que proviene directamente del lago. Optan por utensilios desechables y reducen al mínimo el contacto con el agua contaminada. «No es el plan que teníamos», confiesa Jody.

Su experiencia no es un caso aislado. El lago Cayuga se ha convertido en uno de los más afectados por estas floraciones en todo el estado de Nueva York. Según datos del Departamento de Conservación Ambiental de Nueva York (DEC), desde que se registraron los primeros brotes en 2013, su frecuencia y duración han aumentado notablemente. La temporada típica, que va de julio a septiembre, se ha prolongado, y el lago acumula algunas de las cifras más altas de incidencias en el estado.

¿Por qué prolifera el alga tóxica en el lago Cayuga?

Las floraciones de algas tóxicas en el lago Cayuga están principalmente relacionadas con la contaminación por nitrógeno y fósforo, nutrientes que provienen de fertilizantes agrícolas, sistemas sépticos defectuosos y escorrentías urbanas. Estos compuestos alimentan a las cianobacterias, microorganismos que producen toxinas peligrosas para el medio ambiente, las personas y los animales.

Greg Boyer, profesor emérito de la Universidad Estatal de Nueva York para la Ciencia y la Silvicultura, señala que, aunque los científicos aún no comprenden del todo las causas exactas de estos brotes, sí saben que el agua más cálida es un factor clave. Y el lago Cayuga, como muchos otros cuerpos de agua en el mundo, se está calentando debido al cambio climático.

Un problema con raíces profundas

Las autoridades atribuyen parte del aumento de casos a la mayor conciencia pública y a los sistemas de reporte en línea del DEC, que permiten registrar y monitorear estos fenómenos con mayor precisión. Sin embargo, la solución a largo plazo requiere abordar las causas subyacentes: la contaminación difusa que llega al lago desde tierras agrícolas y zonas urbanas.

Mientras tanto, familias como la de Jody y Griffith siguen adaptándose a una realidad incierta. «No sabemos qué nos deparará el próximo verano», admite Jody. «Pero una cosa es segura: el lago que amamos ya no es el mismo».