Los pronósticos climáticos advierten de la posible llegada de un 'super El Niño' este 2024, un fenómeno que podría alcanzar anomalías de hasta 3°C en la temperatura superficial del océano Pacífico oriental. Aunque aún existe una probabilidad del 25% de que se materialice, su intensidad podría superar incluso a los eventos registrados en 1983, 1998 y 2016.
Zeke Hausfather, científico climático de Berkeley Earth y responsable de investigación en Stripe, señala que, en el contexto actual de calentamiento global, esos años anteriores serían considerados 'inusualmente fríos' hoy. «Si ocurriera ahora, 2016 sería un año excepcionalmente frío», afirma.
Sin embargo, este fenómeno no solo trae consigo riesgos globales, sino también un efecto paradójico en la percepción pública del cambio climático. Mientras regiones como Asia, África y Sudamérica podrían sufrir sequías e incendios forestales, Estados Unidos podría experimentar un alivio temporal en sus condiciones meteorológicas extremas.
Beneficios temporales para EE.UU.
Según los expertos, un 'El Niño' intenso podría generar:
- Condiciones más húmedas y cálidas en el sur de EE.UU., reduciendo la sequía en el suroeste.
- Inviernos más suaves en el norte, con posibles mejoras en la capa de nieve en las montañas occidentales.
- Menor actividad de huracanes en el Atlántico debido a la mayor cizalladura del viento, que desorganiza las tormentas.
«Podríamos tener una temporada de nieve más favorable en el oeste de EE.UU., lo que ayudaría a recuperar los niveles de nieve en las montañas», explica Hausfather. «Además, lluvias más intensas en invierno podrían aliviar las condiciones de sequía en el suroeste».
El riesgo de la desconexión climática
No obstante, este respiro meteorológico podría tener un efecto contraproducente: reducir la urgencia por combatir el cambio climático entre la población estadounidense. Brett Pelham, psicólogo social de Montgomery College, advierte sobre nuestra tendencia natural a priorizar lo inmediato: «Los humanos estamos programados para reaccionar ante lo que ocurre a nuestro alrededor. En la prehistoria, era una ventaja; hoy, es un problema».
Pelham señala que, aunque la evidencia científica sobre el calentamiento global es abrumadora, la percepción pública fluctúa según las condiciones locales. «La gente es menos propensa a creer en el cambio climático en un día frío de marzo que en una ola de calor prolongada», añade.
Este fenómeno subraya un desafío clave en la lucha contra el cambio climático: la necesidad de comunicar riesgos globales de manera constante, incluso cuando los efectos locales sean temporariamente benignos.