En un pequeño gimnasio de boxeo de Varsovia, con paredes y suelos negros, un grupo de mujeres ucranianas refugiadas se entrenaba en parejas. El olor a goma nueva y sudor llenaba el espacio. Entre ellas, Marta Pazdej, una mujer de cincuenta y cinco años, ejecutaba golpes al aire mientras su compañera esquivaba. «¡Dejad de pensar!», gritaba Aleksandra Sidorenko, campeona europea de boxeo conocida como Sasha. «¡Cuando empiezas a pensar, pierdes!».
Para Sasha, el boxeo es una metáfora de la vida: «Si te mantienes firme sobre tus pies, puedes enfrentar cualquier cosa». El deporte, profundamente arraigado en la cultura ucraniana, se convirtió en un bálsamo para estas mujeres, que lo describían como liberador y empoderador. El grupo, organizado por Ukraiński Dom, una ONG que apoya a ucranianos en Polonia, comenzó a entrenar en marzo de 2025.
Sin embargo, el apoyo inicial que recibieron las refugiadas ucranianas —en su mayoría mujeres— ha dado un giro radical. En 2022, el 94% de los polacos apoyaba su acogida. Hoy, esa cifra se ha desplomado hasta el 48%. Las redes sociales arden con acusaciones: desde «robar maridos polacos» hasta «saturar el sistema sanitario».
El giro político y las nuevas leyes
La campaña presidencial de 2025 estuvo marcada por el debate sobre los refugiados. Tras la victoria del candidato de ultraderecha, Karol Nawrocki, se aprobaron leyes que limitan sus derechos. En septiembre de 2025, Nawrocki anunció que no renovaría las medidas especiales de residencia para ucranianos, como el acceso simplificado al mercado laboral o la estancia legal automática, vigentes desde el inicio de la guerra. Estas protecciones expiraron el 5 de marzo de 2026.
Algunos políticos, aún más radicales, han llegado a vincular a los refugiados con delitos como «tráfico de personas, prostitución y enfermedades como el sida». Entre 2023 y 2025, los crímenes de odio contra ucranianos aumentaron un 49%. Se han registrado ataques con cócteles molotov, quema de banderas y vehículos, e incluso agresiones físicas. «Fue aterrador», confesó Uliana Ilnitska, integrante del grupo de boxeo.
La guerra que no cesa
Mientras tanto, el conflicto en Ucrania cumple cuatro años. Rusia controla alrededor del 20% del territorio ucraniano, y los bombardeos sobre ciudades como Kiev o Járkov siguen cobrándose vidas civiles. Aunque las negociaciones de paz han sido recurrentes, la invasión no ha cesado. La comunidad ucraniana en Polonia, que alguna vez fue vista como víctima, ahora enfrenta un creciente rechazo social y político.
«Polonia fue un faro de humanidad en 2022, pero hoy el discurso ha cambiado. La fatiga por la guerra y el miedo a la competencia laboral han nublado la solidaridad inicial», explica un analista político.
Para las mujeres del gimnasio, el boxeo sigue siendo un escape. «Aquí no pensamos en el pasado ni en el futuro. Solo en el golpe», dice una de ellas. Pero fuera de esas cuatro cuerdas, el ambiente se vuelve cada vez más hostil.