Kory Sherer es un artista toledano cuya obra brilla con luz propia. Y no es una metáfora: su medio de expresión es el vidrio, concretamente tubos de este material moldeados, rellenos de gas neón o argón y electrificados con miles de voltios. Aunque por las mañanas crea y restaura señales de neón vintage, sus verdaderas joyas son las esculturas automotrices iluminadas que elabora en su tiempo libre.
Incluso sin estar encendidas, estas piezas son impresionantes obras de arte en vidrio. Pero cuando la electricidad fluye a través de ellas, se convierten en auténticas explosiones de luz que hipnotizan al espectador.
Su pasión por el arte surgió desde niño. A los ocho años, Sherer ya pintaba carteles en el patio trasero de su casa. Sin embargo, no fue hasta su adolescencia cuando encontró su vocación definitiva. Su padrastro le sugirió pasar tiempo con un amigo de la familia, Sam Paris, un experto en la fabricación de señales de neón en Detroit.
«Nunca pensé que acabaría trabajando con neón», confesó Sherer al Shifting Gears Substack. «Cuando tenía 19 años, mi padrastro me dijo que si aprendía a trabajar con neón, siempre tendría dinero para una pizza. Así que llevé dos packs de Budweiser, una videocámara y me fui a ver a Sam. No creo que me marchara en cuatro años».
Sherer dormía en la mesa de billar del enorme almacén de Paris, donde trabajaba todo el día para él. Por las noches, su mentor le permitía practicar con el soplete. «En Toledo, los artesanos del vidrio no compartían sus conocimientos por miedo a la competencia», explicó. «Pero al estar a una hora de distancia en Michigan, pude convertirme en su amigo y aprender de él. Se convirtió en mi mentor».
Tras completar su aprendizaje con Paris, Sherer abrió su propio taller en el norte de Toledo: Bent Custom Neon. Hace unos años, justo antes del Día de Acción de Gracias, subió un vídeo a Facebook mostrando cómo soplar una burbuja de vidrio. Para cuando terminó el festivo, el clip ya había superado el millón de visualizaciones. Desde entonces, su presencia en redes sociales no ha dejado de crecer, acumulando cientos de miles de seguidores en Facebook, Instagram y YouTube.
Su talento llamó la atención de Kenny Douglass, presidente de la Michigan Hot Rod Association y organizador del Detroit Autorama. Douglass quedó «hipnotizado» al ver los vídeos de las esculturas de Sherer en Facebook. «¡Dios mío!», exclamó. «Lo vi una y otra vez. Es increíble».
La repercusión fue tal que Douglass invitó a Sherer y a su esposa, Stephanie, a participar en el evento. En el Detroit Autorama, las obras del artista —un Jeep de neón y un Shelby Mustang de 1967— eclipsaron a algunos de los coches personalizados más caros del certamen, que competían por el prestigioso Premio Ridler.
Sherer no solo domina la técnica del neón, sino que ha logrado convertir su arte en un fenómeno viral. Sus esculturas, que combinan la elegancia del vidrio con la potencia del neón, han convertido a este artista en una figura destacada en el mundo del arte automotriz y el neón.