El supuesto intento de asesinato contra Donald Trump durante la cena de la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca ha reavivado las acusaciones de la derecha contra los demócratas y la izquierda, acusándolos de fomentar una «cultura de la violencia». Estas afirmaciones no solo provienen de comentaristas como Laura Ingraham, de Fox News, quien habla de una «cultura de los asesinatos» en el Partido Demócrata, sino también de figuras cercanas a Trump, como la secretaria de Prensa Karoline Leavitt, quien interpreta frases como «alguien debe pagar» como incitaciones a la violencia.
El fiscal general en funciones, Todd Blanche, ha llegado a culpar a los medios por ser «demasiado críticos» con el expresidente, tachándolos de usar «nombres horribles» contra él. Estas declaraciones reflejan una estrategia recurrente: desviar la atención de los problemas internos del propio bando.
Entre los ejemplos más destacados de esta narrativa se encuentra Batya Ungar-Sargon, presentadora de NewsNation, quien en un artículo en Substack afirmó que el mitin de Unite the Right en Charlottesville (2017) fue financiado por el Southern Poverty Law Center (SPLC), una organización de izquierda. Sin embargo, esta afirmación es falsa. Según la acusación federal contra el SPLC, uno de sus informantes participó en la planificación del evento y ayudó a coordinar el transporte de algunos asistentes, pero esto no demuestra que el mitin fuera un montaje. De hecho, durante el acto, un extremista de derecha atropelló y mató a un manifestante contrario, un hecho ampliamente documentado.
Ungar-Sargon también citó una encuesta de YouGov de septiembre de 2025, según la cual los liberales menores de 45 años eran más propensos que los conservadores a justificar la violencia política. Sin embargo, esta encuesta se realizó justo después del asesinato de Charlie Kirk, y los datos muestran que tanto demócratas como republicanos tienden a considerar la violencia política como un «problema muy grave» tras un ataque violento contra uno de sus representantes.
Otros sondeos pintan un panorama diferente. Una encuesta de NPR/PBS News/Marist de finales de septiembre de 2025 reveló que el 31% de los republicanos y el 28% de los demócratas estaban de acuerdo con la afirmación de que «los estadounidenses pueden tener que recurrir a la violencia para encarrilar el país». La percepción varía según el enfoque: mientras que más liberales apoyan la idea de que «la violencia es a menudo necesaria para el cambio social», los seguidores de Trump son dos veces más propensos que sus detractores a afirmar que «los verdaderos patriotas pueden tener que recurrir a la violencia para salvar el país».
En cuanto a la violencia real, los datos no dejan lugar a dudas: la mayoría de los incidentes violentos en la política estadounidense en los últimos años han sido perpetrados por extremistas de derecha. Un informe del FBI y el Departamento de Seguridad Nacional de 2023 señalaba que el terrorismo doméstico de extrema derecha representaba la mayor amenaza para la seguridad nacional, superando al de extrema izquierda. Además, según el Arquivo de Violencia Política en EE.UU., desde 2015, el 85% de los asesinatos políticos en el país han sido cometidos por individuos vinculados a ideologías de extrema derecha.
La estrategia de la derecha de culpar a la izquierda de la violencia política no solo es infundada, sino que ignora su propia responsabilidad en la normalización de discursos radicales. Mientras se multiplican las acusaciones, los hechos demuestran que la violencia no tiene color político, pero sí un patrón claro: el extremismo de derecha sigue siendo la principal amenaza para la estabilidad democrática en Estados Unidos.