La necesidad de desalinizar agua no es nueva en las regiones del planeta con escasez hídrica. Sin embargo, en la actualidad, con alrededor de un cuarto de la población mundial enfrentando estrés hídrico extremo y las sequías proyectadas para intensificarse, esta tecnología se ha convertido en una herramienta esencial para la supervivencia en un número cada vez mayor de territorios.
Tradicionalmente, la expansión de la desalinización ha requerido la construcción de plantas costeras costosas y energéticamente intensivas, que emplean el proceso de ósmosis inversa. Este método consiste en impulsar agua de mar a través de membranas semipermeables que retienen la sal y otros contaminantes, dejando solo agua dulce. No obstante, un grupo de startups está transformando este modelo con soluciones que van desde instalaciones submarinas hasta dispositivos portátiles para uso doméstico, ampliando así su alcance global.
Países como Arabia Saudí, Israel, Bahrein, Kuwait y Catar dependen en gran medida de la desalinización para cubrir sus necesidades municipales de agua. Paralelamente, regiones propensas a la sequía, desde Australia hasta el Caribe y California, han adoptado esta tecnología para garantizar el suministro. Sin embargo, como ha demostrado el conflicto en Irán, esta infraestructura crítica se ha convertido en un objetivo militar, revelando una vulnerabilidad crítica en un recurso del que dependen cientos de millones de personas.
Una alternativa más resiliente consiste en desplazar las plantas bajo el mar, lo que no solo dificulta su acceso, sino que también aprovecha la presión natural del océano para realizar parte del trabajo energético de la desalinización.
Presión natural para reducir costes energéticos
«Se me ocurrió la idea de utilizar la presión natural para impulsar el proceso», explica Robert Bergstrom, veterano del sector del agua y CEO de la startup OceanWell. Su enfoque implica colocar las membranas en un entorno donde ya existe una presión de 800 libras por pulgada cuadrada, como en cápsulas situadas en el lecho marino, cada una capaz de producir hasta 3,8 millones de litros de agua dulce al día.
Al aprovechar la presión oceánica para impulsar la ósmosis inversa, este sistema reduce el consumo energético en un 40%, según Bergstrom. Esto disminuye el principal coste operativo de estas instalaciones: la electricidad. A diferencia de las plantas tradicionales, que requieren bombas de alta presión, el diseño de OceanWell mantiene una presión interna menor que la del entorno, permitiendo que el agua de mar fluya pasivamente hacia el interior y atraviese las membranas. Posteriormente, bombas compactas impulsan el agua dulce hacia la costa a través de tuberías, mientras que la salmuera resultante se disipa en las profundidades del océano.
Menor impacto ambiental y mayor eficiencia
La solución de OceanWell también aborda otro problema crítico de la desalinización convencional: su impacto ambiental. Las plantas tradicionales suelen descargar salmuera concentrada en la superficie del océano, lo que perturba los ecosistemas marinos. Además, pueden dañar organismos de todos los tamaños al atraparlos contra las pantallas de entrada de agua o arrastrarlos hacia el interior de la planta, un aspecto que ha generado controversia, especialmente en California, donde opera la startup.
El sistema de OceanWell, en cambio, filtra los organismos más grandes mientras permite que los microscópicos pasen a través de las cápsulas y regresen al océano. Bergstrom señala que la empresa ya ha iniciado pruebas piloto para validar su tecnología, marcando un paso adelante en la búsqueda de soluciones sostenibles para la crisis del agua.