Donald Trump podría pasar a la historia como un presidente belicoso, pero su último enemigo no ha sido un país, un grupo migratorio o una ideología: ha sido la religión. Su reciente ofensiva contra el Papa Francisco —al que tachó de "débil con el crimen" y "muy liberal", acusándole incluso de favorecer que Irán desarrolle armas nucleares— ha reavivado un debate que va más allá de las palabras.
Esta no ha sido la única provocación. Trump ha publicado mensajes ofensivos durante la Pascua, como una diatriba contra los líderes iraníes y una amenaza de cometer un genocidio contra el pueblo iraní. Pero quizá el gesto más polémico fue la difusión de una imagen generada por IA en la que aparecía como una figura similar a Cristo realizando un milagro. Estas acciones, junto a los comentarios del vicepresidente JD Vance —quien justificó los ataques al Papa en un evento de Turning Point USA celebrado en una megacatedral evangélica—, han acelerado una grieta en la base religiosa que tradicionalmente respaldaba al movimiento MAGA.
Como experto en cristianismo evangélico, analizo por qué esta alianza histórica podría estar resquebrajándose, poniendo en riesgo el apoyo incondicional que Trump y sus seguidores han recibido hasta ahora.
La división teológica que amenaza al voto evangélico
Durante décadas, los evangélicos conservadores han sido un bloque unido en su apoyo a Trump. Sin embargo, hoy ese consenso se fractura por diferencias teológicas profundas. En esencia, el evangelicalismo estadounidense se divide en dos corrientes principales: los reformados (o calvinistas) y los arminianos, nombres que provienen de dos figuras clave de la Reforma del siglo XVI.
Los calvinistas, liderados por el teólogo francés Juan Calvino, creen en la predestinación: Dios ha elegido de antemano quiénes se salvarán y quiénes no, sin que las acciones humanas puedan cambiar ese destino. Por el contrario, los arminianos, seguidores de Jacobo Arminio, defienden que la salvación está al alcance de todos y depende de la libre elección de cada persona.
Hasta hace poco, los arminianos dominaban el evangelicalismo estadounidense. Sus iglesias más grandes, sus ministerios más influyentes y sus figuras mediáticas más destacadas han moldeado durante más de medio siglo —o incluso más— la identidad de este movimiento. Sin embargo, en los últimos años, los calvinistas han ganado terreno, especialmente entre las nuevas generaciones y los círculos más intelectuales del conservadurismo.
¿Por qué Trump pierde apoyo entre los evangélicos?
El problema para Trump no es solo su retórica agresiva, sino su falta de coherencia con los valores que muchos evangélicos consideran fundamentales. Aunque el exmandatario cuenta con el respaldo de figuras como el pastor Robert Jeffress o el vicepresidente JD Vance —recientemente convertido al catolicismo—, su estilo irreverente y sus declaraciones polémicas han generado rechazo en sectores clave:
- Los evangélicos tradicionales: Muchos líderes históricos, como Franklin Graham, han intentado mediar, pero incluso ellos reconocen que el tono de Trump aleja a los fieles más moderados.
- Los calvinistas: Aunque algunos apoyan su nacionalismo y su postura contra el aborto, critican su falta de humildad y su tendencia a la idolatría personal, algo que choca con su teología de la soberanía divina.
- Los jóvenes evangélicos: Las nuevas generaciones, más conectadas con causas sociales como la justicia racial o la protección del medio ambiente, ven a Trump como un obstáculo para su fe, no como un aliado.
Además, figuras como el Papa Francisco, aunque no siempre alineadas con la izquierda política, representan un cristianismo más inclusivo y menos polarizado, lo que atrae a evangélicos cansados del discurso belicoso de Trump.
El futuro del MAGA: ¿Sin el voto evangélico?
La pregunta ahora es si el movimiento MAGA puede sobrevivir sin el respaldo incondicional de los evangélicos. Históricamente, este grupo ha sido su columna vertebral: movilizó a millones de votantes en 2016 y 2020, y su apoyo ha sido clave para impulsar políticas conservadoras en temas como el aborto, la libertad religiosa o la educación.
Sin embargo, la erosión es evidente. Trump ya no es visto como un campeón de la fe, sino como un líder divisivo que prioriza el poder sobre la moral. Incluso dentro de su propio círculo, hay voces que cuestionan si su estrategia es sostenible a largo plazo.
El caso del Papa Francisco es paradigmático. Aunque Trump lo atacó por su postura sobre el crimen y la política internacional, muchos evangélicos ven en el pontífice un contrapeso necesario a la radicalización de la derecha cristiana. No se trata solo de política, sino de cómo se ejerce la fe.
En un escenario donde el evangelicalismo se fragmenta y nuevas generaciones buscan un cristianismo menos politizado, el movimiento MAGA podría enfrentarse a un desafío mayor: perder su base más fiel sin ganar nuevos aliados.