La reforestación no siempre enfría el planeta: el lugar importa más que el número de árboles

Un estudio reciente publicado en Communications Earth and Environment demuestra que plantar más árboles no garantiza un mayor enfriamiento global. La clave está en dónde se plantan. Según la investigación liderada por Nora Fahrenbach, investigadora postdoctoral en la ETH Zúrich, ubicar los árboles en regiones tropicales y subtropicales es mucho más efectivo que hacerlo en zonas frías como Alaska, Siberia o el norte de Estados Unidos, donde incluso podría aumentar el calentamiento.

Fahrenbach, experta en potenciales de reforestación, señala que la creencia de que "cuantos más árboles, mejor" no siempre se cumple. "Plantar un billón de árboles no asegura un enfriamiento global", afirma. Su equipo comparó tres escenarios de reforestación para evaluar su impacto en las temperaturas locales y globales hasta el año 2100.

Tres escenarios, resultados distintos

Los modelos analizados revelaron diferencias significativas:

  • Escenario 1: Reforestación de 926 millones de hectáreas, principalmente en zonas tropicales, con un enfriamiento de 0,25 °C para 2100.
  • Escenario 2: Reforestación de 894 millones de hectáreas, incluyendo áreas templadas y polares del norte, con un enfriamiento de solo 0,13 °C para 2100.
  • Escenario 3: Reforestación estratégica en 440 millones de hectáreas de tierras tropicales y subtropicales (menos de la mitad que los otros escenarios), también con un enfriamiento de 0,13 °C.

Estos resultados subrayan que la ubicación geográfica es más importante que la cantidad de árboles plantados para mitigar el cambio climático.

Efectos globales más allá de lo local

Los investigadores simularon el crecimiento de los árboles entre 2015 y 2070, manteniendo las poblaciones estables hasta 2100. Los modelos identificaron zonas con alto potencial de reforestación, como el este de Estados Unidos, la Amazonía, la selva del Congo y el este de China. Sin embargo, en regiones polares del hemisferio norte, la reforestación tendría un impacto limitado o incluso negativo.

Además, los cambios en la vegetación alteraron las temperaturas no solo a nivel local, sino también en océanos como el Atlántico y el Índico, debido a modificaciones en los patrones atmosféricos. Esto demuestra que la reforestación tiene efectos en cadena a escala global.

Biogeoquímica y biogeofísica: dos caras de la misma moneda

Para entender estos efectos, los científicos distinguieron entre dos procesos:

  • Efectos biogeoquímicos: Relacionados con la absorción de carbono por parte de los árboles, que reduce la concentración de CO₂ en la atmósfera.
  • Efectos biogeofísicos: Vinculados a cambios en la superficie terrestre, como la reducción del albedo (capacidad de reflejar la luz solar). Por ejemplo, en zonas nevadas, los árboles oscurecen el terreno, absorbiendo más calor y elevando las temperaturas locales. Estos cambios también alteran los vientos y las corrientes oceánicas.

«Para determinar si una reforestación genera enfriamiento o calentamiento neto, es esencial considerar ambos procesos», explica Fahrenbach. Su estudio concluye que, sin una planificación cuidadosa, la reforestación en zonas inadecuadas podría agravar el problema en lugar de solucionarlo.

«La reforestación no es una solución mágica. Su eficacia depende de dónde y cómo se implemente. Priorizar las regiones tropicales y subtropicales maximiza los beneficios climáticos».

Conclusión: la reforestación inteligente es la clave

Este estudio desafía la idea de que plantar árboles masivamente es siempre positivo. En cambio, subraya la necesidad de:

  • Identificar las zonas con mayor potencial de enfriamiento.
  • Evitar la reforestación en regiones polares o con alta reflectividad (albedo).
  • Integrar modelos climáticos complejos para predecir los efectos a largo plazo.

La reforestación sigue siendo una herramienta vital contra el cambio climático, pero su éxito depende de una estrategia basada en la ciencia y la geografía.