El viaje a Marte, que supera los 160 millones de kilómetros, plantea enormes desafíos logísticos. Incluso en las condiciones más favorables, una misión tripulada podría requerir meses de travesía. Ante las limitaciones de los cohetes químicos tradicionales, pesados e ineficientes, la NASA apuesta por alternativas innovadoras. Una de ellas es el uso de propulsión eléctrica combinada con energía nuclear, capaz de reducir drásticamente la dependencia de combustibles pesados y acercarnos un paso más a la primera visita humana al planeta rojo.
Este año, la agencia espacial ha dado un paso crucial al activar en el Laboratorio de Propulsión a Chorro un prototipo de propulsor de plasma de próxima generación. Según el comunicado oficial, el dispositivo alcanzó niveles de potencia nunca antes registrados en Estados Unidos. Las imágenes difundidas muestran el propulsor emitiendo un intenso resplandor rojizo, generado por un electrodo de wolframio que supera los 2.760 grados Celsius.
El prototipo en cuestión es un propulsor magnetoplasmadinámico (MPD) alimentado con litio. Su funcionamiento se basa en la aceleración electromagnética de plasma de litio, es decir, partículas ionizadas del metal alcalino. Aunque otros sistemas de propulsión eléctrica ya han sido empleados en misiones espaciales —como el utilizado por la sonda Psyche de la NASA, actualmente en ruta hacia un asteroide rico en metales—, este tipo de propulsor MPD aún no ha sido probado en el espacio, a pesar de que su estudio comenzó en los años 60.
Los responsables de la NASA han destacado este avance como un hito en la preparación de futuras misiones tripuladas a Marte.
«En la NASA trabajamos en múltiples proyectos sin perder de vista nuestro objetivo en Marte», declaró Jared Isaacman, administrador de la agencia. «El rendimiento exitoso de nuestro propulsor en esta prueba demuestra un progreso real hacia el envío de un astronauta estadounidense a pisar el planeta rojo».
Isaacman añadió:
«Esta es la primera vez en Estados Unidos que un sistema de propulsión eléctrica opera a niveles de potencia tan elevados, alcanzando hasta 120 kilovatios».Para contextualizar, esta potencia es unas 25 veces superior a la del propulsor de la misión Psyche.
«Seguiremos realizando inversiones estratégicas que impulsen ese próximo gran salto», concluyó.
El resultado es prometedor y subraya las ventajas de la propulsión eléctrica frente a los sistemas químicos tradicionales. Según la agencia, este método reduce el consumo de combustible en un 90% y genera un empuje constante que, acumulado en el tiempo, permite alcanzar altas velocidades, en lugar de los impulsos potentes pero breves de los cohetes convencionales.
Sin embargo, el desarrollo de un propulsor MPD funcional aún requiere superar importantes retos. La NASA estima que una misión tripulada a Marte podría necesitar entre dos y cuatro megavatios de potencia, lo que implicaría el uso de múltiples propulsores MPD operando más de 23.000 horas. Además, este sistema representa un cambio radical frente a otras opciones de transporte, como el Starship de SpaceX, la plataforma de lanzamiento de dos etapas de la empresa contratista de la NASA.