El secretario de Salud de Estados Unidos, Robert F. Kennedy Jr., está redefiniendo su rol en la administración de Donald Trump. Tras prometer durante la campaña presidencial un enfoque radical en políticas sanitarias, ahora parece encaminarse hacia una etapa como influencer de salud, con un podcast propio y una presencia mediática destacada, aunque con un poder de decisión cada vez más limitado.

Un giro inesperado en su liderazgo

La semana pasada se produjeron dos movimientos clave que reflejan este cambio. Por un lado, Kennedy lanzó The Secretary Kennedy Podcast, cuya primera emisión abordó su propuesta para reformar el sistema alimentario estadounidense. Por otro, el presidente Trump nominó a la doctora Erica Schwartz —una experta en salud pública con posturas convencionales— para dirigir los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC), un cargo que Kennedy había prometido desmantelar al asumir el cargo.

Estas decisiones, aparentemente contradictorias, revelan una estrategia clara: Trump está marginando a Kennedy en la toma de decisiones sanitarias, pero no lo retira del todo de la escena pública. La razón es política: los republicanos necesitan el apoyo de los votantes del movimiento Make America Healthy Again en las próximas elecciones legislativas.

La CDC, en crisis y bajo nuevo mando

Desde que Kennedy asumió el cargo, los CDC han sufrido una profunda inestabilidad. Cientos de empleados han sido despedidos, y cuatro directivos han sido reemplazados en pocos meses, incluyendo una salida tras un enfrentamiento público con el propio secretario. La agencia, tradicionalmente un referente en salud pública, atraviesa una de sus peores crisis.

La elección de Schwartz, conocida por su defensa de las vacunaciones rutinarias, sugiere que la Casa Blanca busca un perfil más moderado para liderar la institución. Esto contrasta con las promesas iniciales de Kennedy, quien durante su campaña electoral había criticado duramente a la burocracia sanitaria y prometido una revolución en políticas de salud.

El declive de su influencia en políticas clave

Aunque Kennedy mantiene cierto margen de acción, sus iniciativas más ambiciosas están siendo frenadas. Uno de los temas que más le preocupa, el uso del glifosato, ha sido ignorado por Trump, quien recientemente amplió su uso pese a que Kennedy lo había señalado como un riesgo para la salud en su informe Make America Healthy Again.

Además, su lucha contra la industria farmacéutica y reguladora ha topado con obstáculos. Según un informe del Wall Street Journal, Kennedy tuvo que retroceder en su plan para reformar la fórmula infantil tras la oposición del sector. Tampoco ha logrado avances significativos en su promesa de restringir el uso de antidepresivos y estatinas, al menos por ahora.

La paradoja de RFK Jr.: menos poder, más visibilidad

Kennedy sigue siendo una figura pública influyente, pero su rol ha mutado. Ya no es el reformista que desafiaba al establishment médico, sino un comunicador con plataforma mediática. Su podcast y apariciones públicas le permiten mantener el contacto con su base de seguidores, aunque sin capacidad para implementar cambios estructurales.

Esta estrategia recuerda a la de otros líderes políticos que, tras perder influencia en la toma de decisiones, redirigen su energía hacia la construcción de una marca personal. En el caso de Kennedy, el equilibrio entre influencia mediática y poder real será clave de cara a su futuro en la administración y en la política estadounidense.

Fuente: Vox