Las declaraciones del presidente Donald Trump sobre el Papa Francisco siguen generando controversia en Estados Unidos. Incluso dentro de su propio gabinete, figuras como el secretario de Estado, Marco Rubio, han intentado matizar sus palabras, aunque sin éxito.
Durante una rueda de prensa en la Casa Blanca el pasado martes, una periodista preguntó a Rubio si Trump había afirmado que el Papa ponía en peligro a los católicos con su retórica sobre la guerra en Irán. Rubio interrumpió para negar esa interpretación:
«No creo que sea una descripción precisa de lo que dijo. Lo que el presidente básicamente expresó es que Irán no puede tener armas nucleares porque las usaría contra lugares con muchos católicos, cristianos y otros».
Sin embargo, las palabras de Trump desmienten esa versión. En una entrevista el lunes con el locutor conservador Hugh Hewitt, el mandatario declaró textualmente:
«Creo que [el Papa] está poniendo en peligro a muchos católicos y a mucha gente. Pero supongo que, según el Papa, está bien que Irán tenga armas nucleares».
La polémica no es nueva. Trump ha mantenido una relación tensa con el Vaticano, especialmente desde que el Papa Francisco abogó por la paz mundial a principios de este año. En enero, el Pentágono presionó a un embajador de la Santa Sede tras los comentarios pacifistas del pontífice durante su discurso anual. El Papa, por su parte, ha respondido con firmeza, asegurando que no teme al gobierno de Trump y que seguirá defendiendo el mensaje del Evangelio.
«Seguiré alzando la voz contra la guerra, promoviendo la paz, el diálogo y las relaciones multilaterales para buscar soluciones justas a los problemas», declaró el Papa en abril durante un vuelo. «Demasiadas personas sufren en el mundo hoy. Demasiados inocentes están siendo asesinados. Alguien tiene que decir que hay un camino mejor».
La tensión entre Trump y el Vaticano se remonta a 2018, cuando el entonces presidente retiró a EE.UU. del acuerdo nuclear con Irán, firmado por Barack Obama. Desde entonces, Teherán ha reanudado su programa de enriquecimiento de uranio, acercándose a la capacidad de fabricar armas nucleares. Trump justificó su decisión argumentando que el pacto era «el peor de la historia», aunque expertos advirtieron que su salida aumentaría el riesgo de conflicto en la región.