El petróleo se dispara y los bonos se tensan

Los recientes ataques de Irán en el Estrecho de Ormuz y un dron contra la Zona Industrial de Fujairah (Emiratos Árabes Unidos) han disparado los precios del crudo. El Brent alcanzó los 114,44 dólares por barril, mientras que el WTI llegó a 106,42 dólares. Paralelamente, el rendimiento del bono del Tesoro estadounidense a 10 años escaló hasta el 4,44%, y el de 30 años superó el 5%.

Bitcoin en la cuerda floja: ¿refugio de valor o activo sensible a la liquidez?

El Bitcoin registró un máximo intradía de 80.717,66 dólares el pasado 4 de mayo, poniendo a prueba su identidad como cobertura contra el desorden monetario. Sin embargo, su comportamiento como activo sensible a la liquidez —que sufre cuando los rendimientos de los bonos suben y el efectivo se vuelve más atractivo— está en entredicho. Cuando el rendimiento del bono a 10 años se acerca al 4,5%, los tipos hipotecarios, las valoraciones bursátiles y los préstamos corporativos se encarecen.

Según Freddie Mac, el tipo fijo a 30 años para hipotecas en EE.UU. se situó en 6,30% a finales de abril, frente al 6,23% de la semana anterior. En marzo, cuando los temores de escalada bélica llevaron el rendimiento del bono a 10 años al 4,39%, el tipo hipotecario subió al 6,38%, y en abril alcanzó el 6,46%.

Inflación y política monetaria: un círculo vicioso

El 20% del suministro global de petróleo y gas natural pasa por el Estrecho de Ormuz, lo que explica la rápida transmisión de la crisis energética a los mercados de bonos. El grupo de análisis Eurasia Group advirtió que, sin un acuerdo para reabrir la ruta, el precio de la gasolina en EE.UU. podría alcanzar los 5 dólares por galón. Según la AAA, el precio medio nacional ya era de 4,457 dólares el 4 de mayo.

Estos datos refuerzan el riesgo inflacionista, que alimenta las expectativas de subida de tipos y complica la posición de la Reserva Federal (Fed). Un gráfico muestra seis indicadores macroeconómicos en sincronía: el Brent a 114,44 dólares y el rendimiento del bono a 10 años por encima de las previsiones de los estrategas.

La Fed en el punto de mira: ¿cuándo llegará el primer recorte?

Barclays ha retrasado su previsión del primer recorte de tipos de la Fed a marzo de 2027. Según el CME FedWatch, los operadores asignan una probabilidad del 78,7% de que no haya cambios en los tipos hasta finales de 2026.

El petróleo por encima de los 100 dólares mantiene la inflación persistentemente alta, lo que impide a la Fed utilizar recortes de tipos para suavizar el riesgo en los activos. Esto elimina uno de los principales impulsos que han beneficiado al Bitcoin en ciclos anteriores.

Dos fuerzas impulsan los rendimientos a largo plazo

El shock energético eleva las expectativas de inflación, mientras que el calendario de emisión de deuda del Tesoro estadounidense agrava la situación. El Tesoro prevé emitir 189.000 millones de dólares en el segundo trimestre y 671.000 millones en el tercero. La mayor oferta en un mercado ya sensible a la inflación mantiene los rendimientos elevados, incluso si el premio por riesgo geopolítico se disipa.

La directora del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, advirtió el 4 de mayo que el escenario adverso del organismo ya está en marcha. Georgieva alertó de que el petróleo podría alcanzar los 125 dólares si el conflicto se extiende hasta 2027. El consejero delegado de Chevron añadió que podrían aparecer escasez físicas, dado que el Estrecho de Ormuz maneja una quinta parte del crudo global.

EE.UU. está liberando hasta 92,5 millones de barriles de su Reserva Estratégica de Petróleo como parte de un esfuerzo más amplio de la Agencia Internacional de Energía (IEA), pero el crudo mantiene sus ganancias y los precios de la gasolina siguen subiendo. Estos datos apuntan a una respuesta política insuficiente para aliviar la presión.

Conclusión: ¿Bitcoin resistirá la tormenta?

La combinación de tensiones geopolíticas, inflación persistente y rendimientos de bonos en alza plantea un desafío para Bitcoin. Su papel como refugio de valor se pone a prueba en un entorno donde la liquidez y los activos tradicionales compiten por atraer inversores. Mientras la Fed mantiene una postura restrictiva, los mercados tendrán que adaptarse a un nuevo paradigma de tipos altos y precios energéticos elevados.