La búsqueda de terrenos baratos, incentivos fiscales y acceso a energía abundante ha convertido a pequeños pueblos rurales de Estados Unidos en el objetivo de las grandes tecnológicas para instalar centros de datos. En Archbald, un municipio de menos de 7.000 habitantes en el noreste de Pensilvania, la situación ha alcanzado un punto crítico: se planean seis complejos de centros de datos que podrían ocupar hasta el 14% de su superficie.
Según información del Washington Post, los proyectos en marcha incluyen 51 almacenes del tamaño de un Walmart Supercenter, cada uno con una extensión de entre 4 y 6 acres. Siete de estos edificios superan el millón de pies cuadrados, equivalentes a 23 acres. La ubicación de Archbald, conectada directamente a la planta nuclear de Susquehanna y a dos horas en coche de Filadelfia y Nueva York, lo convierte en un imán para estas infraestructuras.
Sin embargo, los beneficios para la localidad son cuestionables. Los centros de datos generan pocos empleos locales y ejercen una presión considerable sobre los servicios municipales y la red eléctrica. La indignación ciudadana ha estallado. Una petición lanzada el pasado 18 de marzo bajo el lema «SE HA VIOLADO LA CONFIANZA PÚBLICA» exige que el gobierno local priorice los intereses de los vecinos sobre los de los desarrolladores.
La respuesta de las autoridades ha avivado el malestar. En marzo, el presidente, vicepresidente y presidente pro tempore del consejo municipal fueron destituidos por sus compañeros, en una decisión que los residentes celebraron con una ovación. «Han presidido reuniones donde nos trataban como niños por expresar nuestra frustración, decisiones que ustedes mismos han creado», denunció la residente Geralyn Esposito ante los medios locales. «Han usado el mazo como un arma para silenciar y aplastar la oposición».
La alcaldesa de Archbald, Shirley Barrett, reconoció ante el Washington Post que el debate «ha destruido esta comunidad». «Queremos respuestas, pero no tenemos ni idea de lo que está pasando porque todo avanza demasiado rápido», admitió.
Con los seis proyectos en distintas fases de planificación, el futuro de Archbald pende de un hilo. Las protestas en reuniones municipales y una campaña masiva en redes sociales sugieren que la resistencia apenas comienza. Mientras tanto, la pregunta sigue en el aire: ¿lograrán los vecinos frenar la expansión de los gigantes tecnológicos o el pueblo quedará ahogado en un mar de servidores?