En 2019, la Asamblea General de Virginia —con apoyo bipartidista— decidió que, por primera vez, un comité público participara en la elaboración del mapa electoral del estado. El experimento fracasó: el comité quedó bloqueado y el Tribunal Supremo de Virginia nombró a dos expertos independientes, conocidos como "maestros especiales", para diseñar un nuevo mapa antes de las elecciones de 2022.

Aunque el resultado fue caótico, mostró ventajas potenciales: los 11 distritos resultantes destacaron por su compactibilidad y competitividad, según métricas de expertos en reforma electoral. El Gerrymandering Project de la Universidad de Princeton incluso calificó el mapa con un sobresaliente (A).

Ese mapa ya no existe. Los votantes de Virginia lo rechazaron en un referéndum que concluyó el pasado martes. El nuevo diseño, que regirá hasta 2030, es un claro ejemplo de manipulación partidista. Tanto defensores como críticos coinciden en que entregará 10 escaños a los demócratas y solo 1 a los republicanos en las próximas elecciones. Una transformación radical si se compara con el equilibrio actual de 6-5 a favor de los republicanos.

El cambio es aún más llamativo en un estado donde Kamala Harris ganó por menos de un 6% en 2024. Los nuevos distritos, especialmente el , son un alarde de creatividad geométrica: desde el río Potomac hasta los suburbios de Richmond, pasando por condados en la frontera con Virginia Occidental, el trazado recuerda a un langostino deformado.

Existen múltiples métodos para evaluar la compactibilidad de un distrito electoral —como el Polsby-Popper—, pero en este caso, como señalan los expertos, no hacen falta fórmulas matemáticas para ver el problema: es un gerrymandering descarado.

Tres claves tras el referéndum

  • Los republicanos iniciaron este proceso y no pueden presentarse como víctimas. Aunque la manipulación beneficia claramente a los demócratas, fueron los conservadores quienes, bajo el mandato de Donald Trump, alteraron mapas en estados como Carolina del Norte y Texas para maximizar sus escaños. Su indignación actual, por tanto, resulta contradictoria.
  • El sistema de comisiones públicas fracasó en Virginia. El primer intento de reforma, con participación ciudadana, no logró consenso y terminó en manos de expertos designados por el tribunal. El nuevo mapa, en cambio, es obra directa de la mayoría demócrata en la Asamblea.
  • El gerrymandering no es exclusivo de un partido. Aunque en esta ocasión perjudica a los republicanos, la historia demuestra que ambos bandos recurren a esta práctica cuando tienen el poder. La solución pasa por sistemas independientes, como los utilizados en California o Colorado, donde comisiones no partidistas rediseñan los distritos.

El nuevo mapa de Virginia no solo refleja la muerte bipartidista de la reforma electoral, sino también cómo la manipulación de fronteras se ha convertido en una herramienta más de la lucha política. Mientras tanto, los votantes tendrán que esperar hasta 2030 para ver si el próximo censo trae consigo un cambio real.

Fuente: Reason