En Imperial, una tranquila ciudad a 185 kilómetros al este de San Diego, los vecinos comenzaron a cuestionar un proyecto que podría cambiar su entorno para siempre. Lo que para algunos fue un cartel de "No en mi patio trasero" en los jardines, para otros fue un trámite administrativo o un comentario en redes sociales. Pero para Margie Padilla, madre de dos hijos, fue un mensaje en Facebook que la dejó perpleja.
«Alguien se quejaba de este centro. Yo pensé: ¿qué está pasando aquí?», relata Padilla, cuya casa de estuco se encuentra a menos de 800 metros del futuro complejo. «Ahora entiendo por qué».
El proyecto, valorado en 10.000 millones de dólares y con una potencia de 330 megavatios, sería el segundo mayor centro de datos nuevo de California y el más grande en operación una vez finalizado en 2028. Ocuparía 17 campos de fútbol y requeriría 750.000 galones de agua al día para funcionar, según el desarrollador Sebastian Rucci.
«Tenemos estudios sobre el aire, sobre el agua y la electricidad puede gestionarse. Hemos hecho los deberes», asegura Rucci, quien minimiza el impacto en los costes para los residentes. Sin embargo, las autoridades locales evitan dar respuestas concretas: reconocen que el proyecto enfrenta demandas y que aún no se han evaluado sus efectos a largo plazo en los servicios públicos.
Padilla, que descubrió el proyecto hace un año, ve con preocupación cómo su presupuesto ya ajustado —entre gastos médicos, gasolina y alimentación— podría verse aún más afectado. «Imagino que las tarifas subirán cuando ese centro esté en funcionamiento», comenta bajo el sol intenso de Imperial Valley, una zona ya marcada por la escasez hídrica.
El auge de los centros de datos y la presión sobre el agua
Este megaproyecto es solo uno de los dos docenas de centros de datos que se esperan en California en los próximos años. La creciente demanda de infraestructura digital choca con la realidad de un estado donde el agua es un recurso cada vez más limitado.
Una encuesta nacional de la US Water Alliance reveló que el 54% de los estadounidenses están «muy o extremadamente preocupados» por el impacto de estos centros en la calidad, el suministro y el coste del agua. Además, dos tercios de los votantes consideran esencial que los estados elaboren planes para gestionar este problema en los próximos años.
«A medida que los centros de datos ganen protagonismo en el debate público, es probable que estas cifras sigan aumentando», advierten los expertos. Mientras tanto, en Imperial Valley, los residentes como Padilla exigen respuestas antes de que sea demasiado tarde.