Daria Egereva, una reconocida activista climática de la comunidad selkup, debería estar esta semana en Nueva York. Su destino era el Foro Permanente de las Naciones Unidas sobre Cuestiones Indígenas, donde en 2022 denunció los graves impactos del cambio climático y la degradación ambiental en los pueblos originarios. Sin embargo, en lugar de viajar a la cumbre, Egereva se encuentra tras las rejas en una prisión rusa, enfrentando una posible condena de hasta 20 años por cargos de terrorismo.
Egereva fue detenida el pasado 17 de diciembre junto a Natalya Leongardt, otra activista rusa por los derechos indígenas. El nombre de Leongardt solo se hizo público la semana pasada. Ambas son acusadas de pertenecer a un grupo terrorista debido a su participación en el Foro Aborigen, una red informal de defensores indígenas que el gobierno ruso clausuró hace dos años.
Expertos advierten que este caso es un ejemplo de la creciente represión contra los activistas indígenas en Rusia, un patrón que forma parte de un giro autoritario del país tras la invasión de Ucrania. «Los activistas indígenas suelen ser los primeros en probar nuevas formas de represión que luego el gobierno ruso extiende a otros colectivos, como ecologistas, feministas o defensores de derechos humanos», explica Laura Henry, profesora de Ciencias Políticas en el Bowdoin College y especialista en política rusa contemporánea.
Egereva no solo es una figura clave en la defensa del medio ambiente, sino también co-presidenta del Foro Internacional de Pueblos Indígenas sobre Cambio Climático, que representa las voces indígenas en foros de la ONU. Quienes la conocen la describen como una persona optimista y motivadora. «Defiende con firmeza la necesidad de garantizar los derechos territoriales de los pueblos indígenas», señala Joan Carling, activista indígena kankanaey de Filipinas y cofundadora de Indigenous Peoples Rights International.
Carling añade que Egereva también promueve el reconocimiento y la valoración del conocimiento tradicional indígena: «No solo debe ser reconocido, sino potenciado y respaldado, ya que nuestras soluciones basadas en la sabiduría ancestral son clave para combatir el cambio climático».
En 2022, Egereva participó en el Foro Permanente de la ONU en Nueva York, donde instó a los Estados miembros a respetar los derechos de los pueblos indígenas. «Muchos son desplazados de sus tierras, sufren degradación ambiental y carecen de acceso a servicios básicos. El cambio climático agrava aún más su vulnerabilidad», declaró entonces. Según Carling, sus intervenciones siempre se centran en los problemas globales de los pueblos originarios, sin atacar directamente a Rusia: «Incluso en espacios internacionales, su enfoque es contribuir al debate sobre las cuestiones indígenas en general».
En noviembre de este año, Egereva asistió a la COP30 en Belém (Brasil), donde destacó la importancia de incluir a las mujeres indígenas en las políticas climáticas. Sin embargo, su participación en estos eventos internacionales quedó truncada el 17 de diciembre, cuando fue arrestada junto a Leongardt. Leongardt, conocida por liderar programas educativos para pueblos indígenas en Rusia y por haber sido becaria en la sede de la ONU en Ginebra, comparte ahora su misma situación.
El pasado mes, un tribunal ruso decidió prolongar su detención preventiva, dejando en suspenso su futuro y el de Egereva, mientras crece la preocupación internacional por su caso.