El ejército de Estados Unidos está sentando las bases para el despliegue regular de armas láser de alta energía en territorio estadounidense con fines de defensa aérea, en respuesta a la creciente amenaza que representan los drones armados de bajo coste. La Administración Federal de Aviación (FAA) y el Departamento de Defensa de EE.UU. han alcanzado un acuerdo histórico de seguridad para el uso de estos sistemas contra drones no autorizados en la frontera con México, tras una evaluación que concluyó que no representan un riesgo indebido para las aeronaves civiles.
El anuncio, realizado el pasado 10 de abril, es consecuencia directa de dos incidentes con láseres ocurridos en febrero en la frontera sur de Texas. Estos hechos llevaron a la FAA a cerrar temporalmente el espacio aéreo cercano debido a preocupaciones sobre su posible impacto en el tráfico aéreo civil. En ambos casos, se empleó el Sistema Láser Multipropósito de Alta Energía del Ejército (AMP-HEL), de 20 kilovatios, una versión montada en vehículos del sistema LOCUST desarrollado por la empresa AV.
En el primer incidente, personal de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) utilizó un AMP-HEL prestado por el Pentágono para neutralizar un objetivo no identificado cerca de Fort Bliss, lo que provocó el cierre del espacio aéreo sobre El Paso el 11 de febrero. En el segundo, militares estadounidenses emplearon el mismo sistema cerca de Fort Hancock para derribar un dron que, finalmente, resultó ser propiedad de la CBP, generando otro cierre el 27 de febrero.
«Tras una evaluación exhaustiva basada en datos, hemos determinado que estos sistemas no representan un riesgo adicional para la seguridad de los pasajeros», declaró Bryan Bedford, administrador de la FAA, en un comunicado. «Seguiremos colaborando con nuestros socios interinstitucionales para garantizar la seguridad del espacio aéreo nacional mientras abordamos las amenazas emergentes de los drones».
Evaluación de seguridad: conclusiones clave
La evaluación, considerada pionera, fue llevada a cabo a principios de marzo por la FAA y la Fuerza de Tarea Conjunta Interinstitucional 401 (JIATF-401) del Pentágono, especializada en contramedidas contra drones, en el Campo de Misiles de White Sands (Nuevo México). Según los resultados, se extrajeron dos conclusiones fundamentales:
- Mecanismo de apagado automático: El sistema LOCUST cuenta con un protocolo que impide su activación en circunstancias inseguras, una característica destacada por los ejecutivos de AV en las últimas semanas.
- Seguridad ante fallos: Incluso en caso de fallo del sistema, el haz láser no puede causar daños catastróficos en aeronaves, ni siquiera a máxima distancia operativa, y mucho menos a altitudes de crucero.
Protocolos de seguridad del sistema LOCUST
Según Aaron Westman, director senior de desarrollo de negocio de AV, el sistema LOCUST incorpora múltiples capas de seguridad automatizadas. Cada vez que un operador pulsa el botón de disparo, el sistema realiza una serie de verificaciones previas:
- ¿El láser apunta fuera de las zonas protegidas?
- ¿Todos los subsistemas internos funcionan dentro de parámetros seguros?
- ¿El sistema está correctamente bloqueado sobre el objetivo?
- ¿Los interruptores de seguridad están activados?
- ¿Se cumplen todas las verificaciones de software?
Cada una de estas comprobaciones actúa como un «voto» de seguridad. Si algún subsistema registra un «voto negativo», el láser no se dispara. El operador puede pulsar el gatillo, pero el sistema se niega a activarse hasta que todas las condiciones sean seguras. Estos protocolos de seguridad están integrados tanto en el hardware como en el software del sistema.
La implementación de estas tecnologías marca un avance significativo en la estrategia de defensa aérea de EE.UU., especialmente ante la proliferación de drones de bajo coste con fines hostiles. Aunque los incidentes de febrero generaron controversia, las autoridades insisten en que los láseres de alta energía son una solución viable y segura para contrarrestar esta amenaza emergente.