EE.UU. prioriza la contención frente a las provocaciones de Irán

En una rueda de prensa celebrada ayer en el Pentágono tras los ataques de Irán contra Emiratos Árabes Unidos, el jefe del Estado Mayor Conjunto de EE.UU. calificó las acciones del régimen iraní como "por debajo del umbral de reanudar operaciones militares a gran escala". Esta postura refleja una estrategia de contención, evitando que Washington se vea arrastrado a un conflicto prolongado a pesar de las provocaciones iraníes.

Declaraciones ambiguas y tácticas de negociación

El presidente Donald Trump había advertido con claridad que un bloqueo al Estrecho de Ormuz sería considerado una violación del alto el fuego. Sin embargo, la realidad política rara vez es binaria. A veces, las declaraciones se utilizan como herramientas de negociación. Es positivo que la administración Trump haya moderado algunos de sus objetivos iniciales, como el cambio de régimen en Irán, y muestre resistencia a involucrarse en un conflicto prolongado.

No obstante, horas después de estos comentarios, Trump publicó en su cuenta de X: "Irán debe cumplir con lo acordado, o comenzarán los bombardeos". Una declaración que, según analistas, podría interpretarse como un intento de presión o incluso como un giro hacia una postura más belicosa.

El tono de la administración contrasta con el titular del New York Times, que sugería que la Casa Blanca vivía en una "realidad paralela" al afirmar que la guerra con Irán había terminado mientras los misiles seguían cayendo. El diario, citando al periodista David E. Sanger, insinuaba que los responsables de defensa actuaban de manera ilógica al no responder con fuerza máxima a las provocaciones iraníes.

Irán advierte a EE.UU. y a Emiratos Árabes Unidos

El ministro de Exteriores iraní, en un mensaje cargado de ironía, advirtió tanto a Washington como a Abu Dabi sobre los "malintencionados" que podrían arrastrarlos a un nuevo conflicto. La pregunta queda en el aire: ¿a quién se refiere exactamente con ese término?

EE.UU. declara la guerra a los antidepresivos ISRS

En un giro inesperado, el secretario de Salud, Robert F. Kennedy Jr., ha abierto un nuevo frente en la lucha contra las drogas. Sin embargo, su objetivo no son las sustancias psicodélicas —de las que suele ser partidario—, sino los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS), como Zoloft, Lexapro o Prozac.

Kennedy anunció ayer una serie de iniciativas federales para reducir la prescripción de estos fármacos. Actualmente, uno de cada seis adultos en EE.UU. consume ISRS. Las mujeres, en todos los grupos de edad, son más propensas a utilizarlos que los hombres. El consumo ha aumentado en los últimos años: pasó del 13% en el periodo 2015-2018 a más del 16% en la actualidad.

Según un estudio de 2011, el uso de estos medicamentos entre adolescentes y adultos se multiplicó por cuatro entre 1988-1994 y 2005-2008. Desde entonces, la tendencia no ha hecho más que crecer.

En un encuentro sobre salud mental y medicalización excesiva, Kennedy declaró: "Los medicamentos psiquiátricos tienen un papel en el tratamiento, pero ya no los consideraremos la primera opción. Serán una alternativa más, utilizada cuando sea apropiada, con total transparencia y con un plan claro para retirarlos cuando ya no sean necesarios".

Entre los efectos secundarios mencionados por Kennedy —y ya conocidos por los usuarios— se incluyen la disfunción sexual, el aumento de peso y la apatía emocional. Estos efectos han sido ampliamente documentados por pacientes y estudios independientes.

Un debate en auge sobre la medicalización de la salud mental

La iniciativa de Kennedy refleja un creciente escepticismo hacia el uso indiscriminado de antidepresivos en EE.UU. Aunque estos fármacos han sido clave para muchas personas, el debate sobre su sobreprescripción y los riesgos asociados gana fuerza en el ámbito político y médico.

Fuente: Reason