El Allen Institute, la organización sin ánimo de lucro dedicada a la investigación bioscientífica fundada por el cofundador de Microsoft Paul Allen, ha presentado una nueva identidad de marca que rompe con los esquemas tradicionales. En lugar de seguir un enfoque jerárquico, el equipo de diseño, liderado por el reconocido Neville Brody, ha creado un sistema visual flexible y coherente que se adapta a las múltiples actividades del instituto.
Un cambio de paradigma en el diseño de marca
Históricamente, el diseño de una marca comienza con el logotipo, del cual derivan el resto de elementos. Sin embargo, para este proyecto, Brody y su equipo invertieron el proceso. En lugar de partir de un símbolo fijo, desarrollaron primero un lenguaje visual que pudiera escalarse sin perder consistencia, permitiendo que el logotipo emergiera de manera orgánica.
«La marca debe ser una plataforma», explica Brody, quien ha trabajado con gigantes como Coca-Cola, Nike y Channel 4. Su objetivo era crear una gramática visual que no se «rompiera» al aplicarse en distintos contextos, garantizando así una identidad robusta y adaptable.
De un laboratorio cerebral a un referente global
Fundado en 2003 por Paul Allen y su hermana Jody Allen, el instituto comenzó como un centro dedicado al estudio del cerebro. Con el tiempo, ha evolucionado hacia un modelo multidisciplinar que abarca desde la adicción y el cáncer hasta el COVID prolongado y otras enfermedades. Su base de datos, pionera en su campo, recopila información de más de 34 millones de células cerebrales, y todos sus hallazgos se comparten de forma open source para fomentar el avance científico.
«Están al inicio de una cadena de conocimiento», señala Brody. Esta visión inspiró el nuevo diseño, que refleja valores como la audacia y la disposición a asumir riesgos, cualidades que definen la cultura del instituto.
Un logotipo que simboliza apertura y conexión
La nueva identidad visual del Allen Institute incluye un icono circular con un corte en forma de «a» minúscula —elegida por su cercanía y menos formalidad que una mayúscula— seguido de una barra inclinada que representa la interconexión entre sus equipos. Complementa este diseño un wordmark en letras minúsculas que refuerza la imagen moderna y accesible de la organización.
Una paleta de colores vibrante y sin convencionalismos
Brody optó por una estrategia cromática alejada de los tonos conservadores típicos del sector bioscientífico. En lugar de un único color corporativo, el instituto adopta una paleta variada y llena de energía:
- Colores base: negro, blanco y gris.
- Paleta principal: magenta, violeta y un verde azulado intenso, inspirados en el ámbito científico pero con mayor saturación y luminosidad.
- Colores de acento: amarillo alegre, verde eléctrico y rosa neón, que actúan como elementos destacados.
«Las reglas del diseño editorial, como el uso del espacio en blanco, son clave para mantener la flexibilidad de la marca», afirma Brody, quien también fue director artístico de la influyente revista británica The Face.
Fotografía editorial para transmitir cercanía
El proyecto incluye una selección de imágenes que sitúan al espectador en el corazón de la investigación, mostrando el trabajo de los científicos y el impacto humano detrás de los avances. Este enfoque refuerza la idea de que el Allen Institute no solo genera conocimiento, sino que lo comparte y democratiza.
«Queríamos que la marca reflejara la vitalidad y la curiosidad que impulsan cada día a los investigadores del instituto», concluye Brody.