El desierto que desafía la vida

Al amanecer, la luz en el desierto de Atacama adopta un tono grisáceo y apagado. En algunos puntos, el suelo permanece húmedo por la camanchaca, una densa niebla costera que, en el norte de Chile, aporta humedad donde a veces no llueve en décadas. Este fenómeno permite que especies únicas de cactus, como el Copiapoa, crezcan en las empinadas laderas cercanas a Paposo. Estas plantas obtienen casi toda su agua de la niebla marina, sosteniendo así una biodiversidad sorprendente en un entorno hostil.

Los guardianes del desierto

Mauricio González, líder del grupo voluntario Caminantes del Desierto, conoce cada rincón de este paisaje extremo. Con su equipo, recorre la zona con cuadernos, cámaras y agua para registrar la población de cactus y documentar cambios. En los últimos años, han observado un patrón alarmante: poblaciones enteras de Copiapoa están desapareciendo.

«Hemos visto morir cientos de plantas, simplemente desaparecen», explica González. Cuando la niebla no aporta suficiente humedad, los cactus se sobrecalientan. «A veces llegamos demasiado tarde y solo encontramos restos, literalmente carbonizados por el sol». Muchos Copiapoa superan el siglo de vida y están adaptados a las condiciones del desierto, pero el cambio climático —con temperaturas más altas, vientos más secos y menos niebla— los está llevando al límite».

El tráfico ilegal agrava la crisis

La extracción masiva de estas especies raras añade una segunda amenaza. «Hemos detectado una explotación ilegal a gran escala», señala González. Los saqueadores locales desentierran plantas para alimentar un mercado negro global en auge. «Es una pérdida irreparable que requiere la intervención de expertos y la conciencia pública».

Los Copiapoa están entre los géneros de cactus más amenazados del mundo. Aunque su taxonomía aún se debate, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) ha evaluado 39 taxones, de los cuales 29 están en peligro y seis, en peligro crítico. El comercio internacional de estas especies está regulado por el Convenio CITES, que prohíbe su extracción y venta sin permisos.

La demanda internacional impulsa el saqueo

Para el botánico Pablo Guerrero, de la Universidad de Concepción, el aumento del tráfico ilegal está directamente relacionado con compradores en el extranjero. «La demanda proviene de coleccionistas que quieren poseer un pedazo del desierto, especialmente si muestran las marcas de su hábitat natural», explica. En la era digital, las redes sociales han facilitado este comercio. «Muchas transacciones ocurren en Facebook e Instagram. Los compradores eligen las plantas y algunos vendedores incluso transmiten en vivo desde el desierto para decidir cuáles extraer».

Guerrero advierte que las evaluaciones más recientes de la UICN son «significativamente peores» que las realizadas hace una década. «El cambio climático no actúa solo; interactúa con la explotación humana, acelerando la desaparición de estas especies».

¿Qué futuro les espera a los Copiapoa?

La combinación de sequías prolongadas, aumento de temperaturas y presión humana pone en jaque a estos cactus centenarios. Aunque su adaptación al desierto los ha hecho resistentes, el ritmo actual de cambios supera su capacidad de supervivencia. La protección de estos ecosistemas únicos requiere acciones urgentes, tanto a nivel local como global.