Un escenario que parecía imposible

Hasta hace poco, el cierre total del Estrecho de Ormuz se consideraba un escenario impensable e incluso inmanejable. Esta percepción se basaba en modelos históricos y en entrevistas con expertos en energía, que lo descartaban por su improbabilidad y escala desproporcionada.

Ejercicios que ignoraron el peor de los casos

En dos grandes simulacros sobre posibles disrupciones en el suministro de petróleo —uno en 2007 y otro en 2022— los expertos evaluaron, pero finalmente descartaron, la posibilidad de un cierre total del estrecho en sus planes de contingencia.

Según Sam Ori, quien participó en el ejercicio de 2007 en la organización Securing America's Energy Future (SAFE), la idea fue rechazada por considerarse alarmista y poco creíble.

«La idea fue ridiculizada en la sala. Se asumió que era un escenario que nunca ocurriría y que plantearlo resultaba exagerado».

La teoría detrás del error de cálculo

Este sesgo refleja una versión real del «teorema desolador», acuñado por el economista Martin Weitzman. Originalmente aplicado al riesgo climático catastrófico, este concepto sugiere que los escenarios extremos de baja probabilidad pueden saturar los análisis convencionales y quedar fuera de los planes de política pública.

El Estrecho de Ormuz: el cuello de botella energético del mundo

El Estrecho de Ormuz es el punto más crítico en el sistema energético global. Por él transita aproximadamente un quinto del petróleo mundial y una parte significativa del gas natural licuado (GNL), lo que lo convierte en una arteria económica vital para numerosos países.

Declaraciones clave

Patrick Pouyanné, CEO de TotalEnergies, reconoció en una reciente entrevista con Axios que nunca había analizado con tanto detalle la geografía del estrecho:

«Es parte del mar, cualquiera puede navegar por él. Al no ser un canal como el de Suez o Panamá, su posible cierre fue probablemente subestimado».

Lecciones del pasado: ¿por qué no se planificó?

En 2007, un grupo de expertos debatió la posibilidad de modelar un cierre total, pero finalmente lo rechazó por considerarlo demasiado extremo. Según Ori, que ahora dirige el Instituto para el Clima y el Crecimiento Sostenible de la Universidad de Chicago, plantear este escenario implicaba enfrentar un «apocalipsis económico».

El ejercicio de 2007, que tomó un año en completarse, solo consideró una disrupción menos grave, que llevó el precio del petróleo a 165 dólares por barril.

«Hoy, a solo dos meses de esta crisis, el precio del petróleo ronda los 100 dólares y los mercados aún no muestran signos de pánico», explicó Ori la semana pasada. «Si esta situación se prolonga tres meses más, la percepción cambiará radicalmente».

El precio del petróleo se dispara

Desde esas declaraciones, el precio del crudo ha seguido al alza, llegando a superar los 126 dólares por barril.

El error de 2022: ¿por qué se evitó el escenario más grave?

En 2022, un grupo de trabajo liderado por representantes de países miembros de la Agencia Internacional de Energía (AIE) evaluó estrategias para la distribución de reservas estratégicas de petróleo en caso de crisis. Sin embargo, tampoco consideró un cierre total del Estrecho de Ormuz.

Landon Derentz, miembro de ese equipo en su etapa en el Departamento de Energía de EE.UU., explicó que se descartó por dos razones:

  • Nunca había ocurrido antes y, por tanto, se consideraba improbable.
  • Su impacto sería tan masivo que no existía un plan realista para gestionarlo.

¿Qué viene ahora?

El cierre del Estrecho de Ormuz, antes un escenario de ciencia ficción, se ha convertido en una amenaza tangible. La comunidad internacional enfrenta ahora el desafío de adaptar sus estrategias energéticas a una realidad que, hasta hace poco, parecía imposible.

Fuente: Axios