Un fondo que no es un fondo soberano

En medio de un reajuste del orden económico global, impulsado en parte por las políticas comerciales de Donald Trump, el primer ministro canadiense, Mark Carney, ha propuesto una reestructuración de la economía de su país. Este lunes, Carney anunció la creación del Fondo Canadá Fuerte, un supuesto fondo soberano con un capital inicial de 25.000 millones de dólares canadienses (unos 18.400 millones de dólares estadounidenses).

Según el mandatario, el fondo servirá para financiar proyectos de infraestructura, manufactura avanzada, energía y minería. Sin embargo, su naturaleza dista mucho de la de un fondo soberano tradicional. Mientras que el modelo noruego, por ejemplo, se nutre de los ingresos del petróleo y el gas y solo gasta los rendimientos, el plan de Carney se financiará con deuda y destinará los fondos a empresas canadienses.

«No es un fondo soberano. Es un fondo de subsidios corporativos financiado con deuda», declaró Franco Terrazzano, director federal de la Federación Canadiense de Contribuyentes, en declaraciones a la revista Reason.

Riesgos para las finanzas públicas

Canadá ya enfrenta un panorama fiscal complicado. El gobierno prevé un déficit de 66.900 millones de dólares para el año fiscal 2026, y la deuda federal supera el billón de dólares, equivalente al 41,2 % del PIB. A pesar de esta situación, Carney avanza con su propuesta, que, según críticos, podría agravar aún más la situación.

Terrazzano advierte que este no es el único programa de subsidios del gobierno. Señala la existencia del Banco de Infraestructuras de Canadá, el Fondo de Crecimiento de Canadá y «miles de millones en otros tipos de ayudas», todos con historiales cuestionables en la gestión de fondos públicos.

Proyectos fallidos y malversación de recursos

El Banco de Infraestructuras de Canadá, lanzado en 2017 con 35.000 millones de dólares de fondos públicos, prometió financiar más de 100 proyectos, pero solo 11 se han completado. Entre los fracasos destaca el conector del lago Erie, un proyecto para construir una línea de alta tensión entre Ontario y Pensilvania. Tras invertir 655 millones de dólares en un proyecto valorado en 1.700 millones, el desarrollador canceló la iniciativa debido al «rápido aumento de costes».

Pierre Lavallée, primer director del banco, renunció en abril de 2020 sin haber completado ningún proyecto durante su mandato. A pesar de ello, recibió bonificaciones millonarias tras su salida.

¿Un modelo insostenible?

El Fondo de Crecimiento de Canadá, por su parte, tenía como objetivo financiar proyectos que impulsaran la economía y redujeran las emisiones de gases de efecto invernadero. Sin embargo, su gestión ha sido objeto de críticas por falta de transparencia y resultados tangibles.

Con estas iniciativas, el gobierno canadiense parece priorizar el gasto público financiado con deuda sobre la estabilidad fiscal a largo plazo. Mientras tanto, los contribuyentes podrían asumir el costo de proyectos arriesgados y poco rentables.

Fuente: Reason