La paradoja del progreso tecnológico es evidente: las innovaciones que prometen un futuro más limpio —desde la inteligencia artificial hasta los vehículos eléctricos— dependen de minerales críticos como el litio, el cobalto, el cobre o las tierras raras. Sin embargo, su extracción está dejando un rastro de contaminación, escasez de agua y problemas de salud en las comunidades más pobres del mundo.
Estos minerales son esenciales para la cuarta revolución industrial: el litio alimenta las baterías, el cobalto las estabiliza, el cobre transporta la electricidad y las tierras raras hacen eficientes los aerogeneradores y los dispositivos digitales. Pero su obtención es tóxica y requiere cantidades masivas de agua. Según un reciente informe del Instituto de la Universidad de las Naciones Unidas para el Agua, el Medio Ambiente y la Salud, si no se regulan las cadenas de suministro de estos recursos, la minería podría empeorar las condiciones de vida de millones de personas.
Dos de los autores del estudio, uno de Oriente Medio y otro de África, advierten: sin cambios urgentes en la gestión de estos minerales, la humanidad podría repetir las injusticias del pasado, esta vez bajo la excusa del progreso tecnológico.
El agua, el recurso más afectado
La extracción de minerales críticos está acelerando la crisis hídrica global. En 2024, la producción de litio consumió unos 456.000 millones de litros de agua, una cantidad equivalente al consumo doméstico anual de 62 millones de personas en el África subsahariana. Mientras el mundo enfrenta una creciente bancarrota hídrica —donde el uso supera la capacidad de regeneración natural—, regiones como el Salar de Atacama, en Chile, destinan hasta el 65% de sus recursos hídricos a la minería.
Los efectos son devastadores: niveles freáticos en declive, lagunas saladas reducidas y acuíferos contaminados. La minería genera grandes volúmenes de residuos tóxicos, incluyendo aguas residuales con metales pesados, ácidos y residuos radiactivos. Por ejemplo, la producción de tierras raras genera hasta 2.000 toneladas de desechos por cada tonelada de material útil. Los métodos de extracción, como las balsas de lixiviación con productos químicos, contaminan ríos y suelos cuando los vertidos no se tratan adecuadamente.
El costo humano de la minería
Las comunidades cercanas a las explotaciones mineras sufren enfermedades respiratorias, intoxicaciones y desplazamientos forzosos. En la República Democrática del Congo, principal productor de cobalto, miles de niños trabajan en condiciones inhumanas en minas artesanales. En Indonesia, la extracción de níquel ha destruido ecosistemas marinos y desplazado a pescadores locales.
Los autores del informe subrayan que, sin regulaciones estrictas y mecanismos de compensación, el modelo actual perpetúa la pobreza y la degradación ambiental. Proponen alternativas como la minería responsable, la reutilización de materiales y la transparencia en las cadenas de suministro. Sin embargo, el desafío es enorme: la demanda de estos minerales seguirá creciendo con la transición energética.
«La tecnología que nos salvará del cambio climático no puede basarse en la explotación de los más vulnerables». — Autores del informe de la ONU