El Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) ha difundido en la última semana una serie de afirmaciones sin verificar sobre un supuesto fraude masivo en el programa de cupones de alimentos SNAP. Según estas declaraciones, miles de beneficiarios estarían utilizando los beneficios para adquirir vehículos de lujo. "En solo un estado, 14.000 personas que reciben ayudas SNAP estarían conduciendo coches de lujo", publicó en la red social X la secretaria de Agricultura, Brooke Rollins, la semana pasada.

Estas declaraciones fueron replicadas por cuentas oficiales del USDA y amplificadas por figuras políticas como los senadores Ted Cruz y Rand Paul. Sin embargo, los datos utilizados por Rollins provienen exclusivamente de la Fundación para la Responsabilidad Gubernamental (FGA), un *think tank* conservador con sede en Florida que desde 2011 promueve el desmantelamiento de programas sociales como SNAP, Medicaid y la Seguridad Social.

En un correo electrónico enviado a Mother Jones, el USDA confirmó que los datos procedían únicamente de la FGA y de un artículo del New York Post escrito por un miembro de esta fundación. No obstante, el organismo se negó a ofrecer más detalles sobre la metodología utilizada para recopilar estas cifras.

Datos cuestionables y falta de transparencia

Las afirmaciones de la FGA presentan serias lagunas. Por un lado, el informe no especifica en qué estado se habrían detectado estos supuestos casos de fraude. Por otro, no incluye ninguna explicación sobre cómo se obtuvieron los datos ni qué criterios se aplicaron para determinar que los beneficiarios conducían vehículos de lujo.

Además, la fundación lleva años presionando para imponer restricciones al programa SNAP. Aunque el fraude en este sistema existe, su prevalencia es mucho menor de lo que sugiere la FGA. Según datos del propio USDA, las tasas de tráfico ilegal de beneficios —la venta de cupones a cambio de dinero en efectivo— han disminuido del 4% en los años 90 al 1,5% en la actualidad.

Cuando se producen errores en los pagos de SNAP, estos suelen deberse más a fallos administrativos que a fraudes intencionados. La retórica de la FGA, sin embargo, evoca estereotipos históricos como el mito de la "reina del bienestar" de la era Reagan, que asociaba a las mujeres negras con el abuso de las ayudas sociales para enriquecerse. Un estereotipo que, además, no se ajusta a la realidad: el grupo racial que más recibe beneficios SNAP en EE.UU. es el de las personas blancas.

Impacto de las políticas impulsadas por la FGA

La fundación aboga abiertamente por recortar drásticamente los beneficios de SNAP para, según su web, "mejor servir a los verdaderamente necesitados". En julio de 2025, logró un avance significativo con la aprobación de la One Big Beautiful Bill del presidente Donald Trump, que amplió los requisitos laborales para acceder a las ayudas.

A partir de febrero de 2025, todos los adultos entre 18 y 64 años sin hijos menores de 14 años deben trabajar un mínimo de 20 horas semanales para mantener sus beneficios. Antes, esta norma solo afectaba a personas de 18 a 54 años sin hijos menores de 18. Además, grupos previamente exentos, como veteranos o personas sin hogar, ahora también deben cumplir con este requisito o arriesgarse a perder sus ayudas.

Estudios demuestran que este tipo de regulaciones no abordan el problema real de la subocupación, que suele estar ligado a la falta de empleo accesible. Actualmente, SNAP atiende a más de 38 millones de estadounidenses al mes, de los cuales más de dos tercios son menores de edad, personas con discapacidad o mayores de 65 años.

"Las políticas basadas en estereotipos y datos no verificados solo sirven para estigmatizar a los más vulnerables, en lugar de resolver problemas reales como el hambre o la falta de oportunidades laborales", señala un experto en políticas sociales.