El Día de la Victoria, la festividad más emblemática de Rusia que conmemora la derrota de la Alemania nazi en la Segunda Guerra Mundial, se acerca bajo una sombra de incertidumbre. Lo que tradicionalmente ha sido un espectáculo de poderío militar, con tanques y desfiles masivos en la Plaza Roja de Moscú, este año se presenta como un evento austero y reducido.

La semana pasada, el Ministerio de Defensa ruso anunció que el desfile en Moscú —símbolo durante décadas del músculo militar del país— será significativamente recortado. No habrá exhibición de tanques ni de armamento pesado. Solo un contingente de soldados y cadetes marchará a pie. El portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, justificó la decisión por la supuesta «amenaza terrorista» proveniente de Ucrania, concretamente por el riesgo de ataques con drones.

La medida no solo afecta a Moscú. En otras ciudades rusas, los desfiles también han sido reducidos o incluso cancelados, reflejando un clima de creciente vulnerabilidad.

Putin pide una tregua a Trump para proteger el desfile

En un giro inesperado, el presidente ruso, Vladimir Putin, contactó con su homólogo estadounidense, Donald Trump, el pasado 27 de abril. Según Yuri Ushakov, asesor de política exterior del Kremlin, Putin habría informado a Trump de su disposición a declarar una tregua temporal durante las celebraciones del Día de la Victoria.

Aunque Trump declaró a la prensa que fue él quien propuso la idea, las declaraciones de Ushakov —y los medios rusos— sugieren que la iniciativa partió de Putin, quien habría buscado el respaldo de Washington para presionar a Ucrania y evitar posibles ataques con drones sobre Moscú.

Como resumió la periodista Elena Malakhovskaya en su programa Khodorkovsky Live: «En el quinto año de la guerra, es Zelensky quien decide si Putin podrá aparecer en el desfile de la Plaza Roja».

Drones ucranianos desafían la narrativa rusa

El miedo a los drones no es infundado. El lunes, uno de estos aparatos logró burlar las defensas antiaéreas rusas e impactó en la capital. Pero los ataques ucranianos van más allá: han alcanzado ciudades como Ekaterimburgo, Cheliábinsk y Perm, situadas a más de 1.000 kilómetros de la frontera ucraniana.

El Kremlin y sus medios afines, como la propagandista Olga Skabeyeva de Rossiya-1, atribuyen estos incidentes a una supuesta «estrategia de terror» de Kiev, argumentando que Ucrania recurre a estos ataques ante sus derrotas en el campo de batalla. Sin embargo, esta narrativa comienza a resquebrajarse.

En Occidente, incluso figuras inicialmente escépticas sobre Ucrania, como el bloguero Andrew Sullivan, ahora celebran lo que denominan «el milagro ucraniano». Mientras, dentro de Rusia, los analistas más belicistas reconocen públicamente los fracasos y la situación de «callejón sin salida» en la que se encuentra el conflicto.

Rusia pierde más territorio del que gana

Los últimos informes de abril revelan que, por primera vez desde mediados de 2023, Rusia ha perdido más territorio en Ucrania del que ha conquistado. Según expertos como Brynn Tannehill, esta primavera ha marcado un cambio estratégico sutil pero significativo en el equilibrio del conflicto.

Ante este panorama, el Día de la Victoria de 2026 no solo refleja la conmemoración de una victoria histórica, sino también las dificultades actuales de un país en guerra, donde el miedo a los drones ucranianos y las derrotas en el frente han ensombrecido lo que debería ser una celebración triunfal.