El cine independiente sigue evolucionando con nuevas propuestas que desafían las convenciones. Sinner Supper Club, la última película de Nora Kaye y Daisy Rosato, se ha ganado el apodo de "mumblegore" y "mumblequeer", pero sus creadoras prefieren abrazar la esencia del mumblecore para contar una historia única.

"El mumblecore es un movimiento que comenzó aquí", explicó Kaye durante su presentación en el SXSW de Austin, Texas. "Películas como The Puffy Chair, Baghead o Creep surgieron de un grupo de cineastas que dijeron 'qué demonios' al sistema de estudios y decidieron rodar con sus amigos, usando cámaras portátiles y recursos limitados. Nosotras nos preguntamos: ¿y si en lugar de un grupo de hombres cis blancos, fuera nuestra comunidad de payasos, personas trans y queer?".

Rodada en solo seis días con un iPhone, la película sigue a un grupo de amigos queer que se reúnen para una fiesta de despedida antes de que uno de ellos abandone Nueva York, expulsado por los altos alquileres. Lo que comienza como un reencuentro tenso se complica aún más por la reciente muerte de otro amigo, introduciendo un elemento sobrenatural que ha llevado a algunos a etiquetar la cinta como "mumblegore".

Sophie Sagan-Gutherz, una de las protagonistas, aclara: "El mumblegore es un subgénero emergente del terror que lleva el mumblecore un paso más allá. Es incómodo, genera estrés y hay momentos en nuestra película donde nos adentramos en ese territorio".

Las directoras también se inspiraron en el movimiento Dogme 95, especialmente en The Celebration de Lars von Trier y Thomas Vinterberg, que buscaba eliminar el artificio cinematográfico. Para lograrlo, optaron por grabar con un iPhone, una decisión que no solo fue creativa, sino también práctica.

"Hay una nostalgia por las cámaras mini DV y los camcorders de los 90", comentó Rosato. "Pero esas películas, aunque geniales, no reflejan el presente. Nos preguntamos: ¿cuál sería nuestra versión de una mini DV? La respuesta fue el iPhone. No solo por su accesibilidad, sino porque podíamos sumergirlo en agua para una escena, meterlo en el congelador o montarlo en una bicicleta sin preocuparnos por dañarlo".

Kaye destacó que el uso del iPhone permitió una filmación más ágil y cercana a los actores, creando un ritmo frenético sin necesidad de pausas técnicas. "Podíamos rodar sin interrupciones, adaptándonos rápidamente a las ideas y al movimiento de los actores", añadió.

Con una estética cruda y auténtica, Sinner Supper Club se presenta como una reflexión sobre la amistad, el duelo y la resistencia de las comunidades queer frente a la gentrificación. Una propuesta arriesgada que demuestra que el cine independiente sigue reinventándose.