El presidente Donald Trump ha pasado de ser objeto de burla a un líder que ya no genera risas, ni siquiera cuando intenta el humor. Su reciente participación en la cena anual del Club Alfalfa, un evento exclusivo de Washington al que asisten políticos y empresarios de élite, dejó en evidencia que su estilo de comedia no convence.

En lugar de seguir el precedente de su primer mandato —en el que evitó este tipo de actos—, Trump decidió asistir este año. Sin embargo, su intervención no tuvo el efecto deseado. Según relató un asistente al Washington Post, muchas de sus bromas cayeron en saco roto y el público permaneció en silencio en repetidas ocasiones.

Entre sus comentarios más polémicos, Trump afirmó: «Hay tanta gente en esta sala a la que odio. Aunque a la mayoría os aprecio». También bromeó sobre la posible invasión de Groenlandia, un tema que generó una crisis internacional apenas unos días antes, y mencionó a Kevin Warsh, su candidato para presidir la Reserva Federal, con una amenaza velada: «Si no baja los tipos de interés, le demandaré. Solo bromeaba… o no».

Lo más revelador no fue el fracaso del humor, sino el contenido de sus palabras. Lo que Trump presentó como chistes eran, en realidad, reflejo de sus políticas más controvertidas. Mientras él hablaba de Groenlandia, su Departamento de Justicia avanzaba en investigaciones contra adversarios políticos. Y su amenaza de demandar al futuro presidente del Banco Central se produjo justo después de que el actual titular acusara a la Casa Blanca de orquestar una investigación infundada para influir en la política monetaria.

El intento de Trump por normalizar su imagen a través del humor terminó siendo un recordatorio de su polarizante estilo de liderazgo. En un evento diseñado para la diplomacia y el networking, sus palabras no generaron risas, sino incomodidad.

Fuente: Vox