El pasado 22 de abril, en el marco del Día de la Tierra, decidí visitar un campus de inteligencia artificial en el corazón de Virginia Data Center Alley, conocido por su elevado nivel de ruido. Mi destino fue el Vantage VA2, un centro de datos ubicado en Sterling, Virginia, rodeado de zonas residenciales.
Al salir del coche, la experiencia fue impactante: un zumbido monótono y constante, acompañado de un retumbar que se percibía incluso en el cuerpo. Era como el sonido de un motor a reacción en funcionamiento permanente o una aspiradora doméstica a máxima potencia, día y noche. Aunque llovía y los aviones del cercano aeropuerto internacional de Dulles sobrevolaban la zona, ninguno de esos ruidos lograba opacar el estruendo resonante y persistente del centro de datos.
Si quieres comprobarlo por ti mismo, este vídeo captura con precisión la situación.
El testimonio de los residentes
Tras aparcar cerca del recinto, caminé hacia una de las urbanizaciones adyacentes al VA2. Una vecina, que prefirió mantenerse en el anonimato, me explicó que se mudó allí antes de que el proyecto estuviera finalizado. Al preguntarle por el ruido, su respuesta fue reveladora: «No es tan malo como en el otro lado [del centro de datos], donde está todo el equipo». Aunque el sonido se intensifica en esa zona, incluso desde su entrada podía escucharse claramente el VA2.
El problema del ruido en el VA2 lleva meses generando quejas, como evidencian publicaciones en redes sociales, reportajes locales y un artículo de Politico. Es poco probable que los vecinos hubieran deseado su presencia. El proyecto se construyó a una velocidad vertiginosa: imágenes de Google Earth aún muestran bosques sin urbanizar en la zona. Según documentos públicos, Vantage propuso la instalación en 2022 bajo un programa acelerado de permisos para industrias prioritarias, y las obras continuaban en octubre de 2024, según capturas de Google Street View.
El ruido, el gran problema olvidado de los centros de datos
El ruido es una de las principales quejas asociadas a los centros de datos. Según datos de Heatmap Pro, al menos un tercio de los conflictos por estos proyectos están relacionados con la contaminación acústica, y es la principal razón de oposición en casos donde finalmente se cancelaron las obras.
Este problema no es nuevo. En 2019, residentes de Chandler, Arizona, denunciaron un zumbido constante procedente de un centro de datos de CyrusOne. Tras investigar, la empresa identificó que el ruido provenía de los ventiladores de refrigeración y aplicó medidas de atenuación. Sin embargo, la molestia persistió, llevando a la ciudad a aprobar en 2023 una ordenanza que obliga a las empresas a cumplir con niveles máximos de ruido ambiental en las zonas aledañas.
«La contaminación acústica de los centros de datos es un problema creciente que afecta a miles de familias, pero sigue siendo ignorado frente a otros impactos ambientales más visibles», señala un experto en regulación tecnológica.
¿Qué falta por hacer?
Aunque algunas localidades han comenzado a regular el ruido, la mayoría de los centros de datos operan sin restricciones claras. Los vecinos exigen soluciones urgentes, pero las autoridades locales aún no han establecido protocolos efectivos. Mientras tanto, gigantes tecnológicos como Google, Amazon o Meta siguen expandiendo sus infraestructuras, dejando a su paso un rastro de contaminación acústica que amenaza la calidad de vida de las comunidades.
El caso del VA2 en Virginia es solo un ejemplo de una problemática que se repite en todo el país. ¿Hasta cuándo se tomarán medidas reales para proteger a los ciudadanos del ruido industrial?