En los años 60, el ingeniero californiano Bill Thomas soñaba con construir un coche capaz de competir con los Ferrari y los Shelby Cobra de la época. Su respuesta fue el Cheetah, un vehículo de competición con motor Corvette que, décadas después, sigue siendo una rareza cotizada. Recientemente, uno de estos ejemplares ha cambiado de manos por 520.000 dólares en una subasta de Bring a Trailer.
Un proyecto ambicioso con motor de leyenda
Bill Thomas comenzó su carrera en los años 50 preparando Corvettes para GM antes de fundar su propia empresa, Bill Thomas Race Cars, en 1960. Con el apoyo de Vince Piggins, jefe del grupo de productos de alto rendimiento de Chevrolet, Thomas logró acceder a componentes clave del Corvette C2 para desarrollar su propio coche de carreras.
Junto al jefe de fabricación Don Edmunds, Thomas diseñó el Cheetah, un vehículo con motor V8 Corvette 327, chasis tubular de cromo-molibdeno y suspensión independiente del Corvette. Su diseño era radical para la época: el habitáculo se desplazó hacia atrás, colocando al conductor y al pasajero casi sobre el eje trasero, lo que le daba un perfil único y una distribución de peso inusual.
Una producción limitada y un destino inesperado
La producción del Cheetah fue limitada por un incendio que destruyó el taller de California donde se fabricaban. Se estima que solo se construyeron entre 19 y 23 unidades. Uno de estos modelos, restaurado y equipado con un V8 Chevrolet de 377 pulgadas cúbicas (6,2 litros) y inyección mecánica de combustible, ha sido el protagonista de una reciente subasta.
Según la descripción de Bring a Trailer, este Cheetah rojo comenzó a construirse a finales de 1965, tras el incendio. Originalmente se entregó sin motor, pero posteriormente se le instaló la mecánica mencionada, acoplada a una caja de cambios manual de cuatro velocidades. Su valor actual, 520.000 dólares, refleja tanto su rareza como su historia.
De proyecto inacabado a pieza de coleccionista
Lo que en su día fue un sueño a medio terminar se ha convertido en un objeto de deseo para los amantes de los coches clásicos. Este Cheetah no solo representa la audacia de su creador, sino también una época en la que los ingenieros estadounidenses desafiaban a los europeos en las pistas de carreras. Hoy, su precio lo confirma: es una inversión segura para coleccionistas.
«Un Cheetah no es solo un coche, es una leyenda sobre ruedas». — Bring a Trailer