La frase "no lo construiste tú", pronunciada por Barack Obama durante la campaña electoral de 2012, generó controversia al sugerir que el éxito empresarial dependía de inversiones públicas. Aunque en su momento se interpretó como un error político, hoy suena casi como un elogio al capitalismo. Sin embargo, el giro hacia la izquierda en el Partido Demócrata ha llevado a figuras como la congresista Alexandria Ocasio-Cortez (AOC) a radicalizar esa idea: no solo no lo construiste tú, sino que, si eres billonario, lo robaste.
AOC protagonizó un nuevo debate viral tras sus declaraciones en el podcast de la comediante Ilana Glazer. En ellas, la legisladora neoyorquina afirmó que la riqueza extrema no puede ganarse de manera legítima. "Hay un nivel de acumulación que no se gana. No puedes ganar mil millones de dólares. No es posible. Puedes obtener poder de mercado, puedes saltarte las reglas, explotar leyes laborales o pagar salarios indignos, pero no puedes ganártelo", declaró durante una larga reflexión sobre cómo el capitalismo internaliza la culpa de las dificultades económicas en los individuos, en lugar de reconocer los fallos estructurales del sistema.
"Hay un nivel de acumulación que no se gana. No puedes ganar mil millones de dólares. No es posible".
— Alexandria Ocasio-Cortez
La idea de que alguien acumula riqueza simplemente por beneficiarse del sufrimiento ajeno es, para muchos, un argumento simplista. El filósofo Robert Nozick desmontó esta teoría décadas atrás con su famoso experimento mental de Wilt Chamberlain. Según su razonamiento, incluso si se redistribuyera la riqueza de manera equitativa, Chamberlain —un jugador de baloncesto— volvería a acumular una fortuna desproporcionada porque millones de personas estarían dispuestas a pagar por verlo jugar. Nozick concluía que, incluso desde una situación de igualdad económica, las habilidades superiores de algunos les permiten generar más riqueza, y que esto no es necesariamente injusto.
El ejemplo de Taylor Swift se ha utilizado para rebatir las afirmaciones de AOC. La cantante, cuya fortuna supera los mil millones de dólares, logró su éxito vendiendo entradas para conciertos que millones de fans desean comprar. Algo similar ocurre con Ilana Glazer, quien, aunque no ha alcanzado el mismo nivel de riqueza, ha construido su carrera como actriz y comediante mediante la venta de espectáculos que el público elige consumir. ¿Acaso su fortuna es 'no ganada' por el simple hecho de ser menor?
El debate, sin embargo, trasciende los ejemplos individuales. Críticos del sistema argumentan que la concentración extrema de riqueza perpetúa desigualdades estructurales, mientras que defensores del libre mercado insisten en que la meritocracia y la elección voluntaria —como asistir a un concierto— son mecanismos legítimos de acumulación. ¿Es posible que un billonario haya 'ganado' su fortuna sin explotar a otros, o la riqueza extrema siempre implica algún tipo de abuso? La discusión sigue abierta.